Editorial: Una tarea delicada


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A las puertas de una segunda ronda electoral, en la que los costarricenses escogeremos al próximo presidente entre los candidatos Johnny Araya y Luis Guillermo Solís, es importante reflexionar sobre cuál debería ser el perfil de los miembros del Gabinete y presidentes ejecutivos.

Es un tema clave, porque de la gestión de esas personas dependerá en gran medida el éxito o fracaso de la gestión gubernamental.

La respuesta en principio es sencilla. Podríamos resumirla diciendo que deben ser personas íntegras, conocedoras de las áreas de competencia del ministerio o institución de que se trate, con habilidades de comunicación y capaces de coordinar y trabajar en equipo. Lamentablemente, muchas personas que reúnen esas condiciones se han alejado o son renuentes a participar en la función pública, por razones diversas, entre ellas los salarios, la intensidad del escrutinio público y la mala imagen de la política.

Aumentar salarios de altos jerarcas podría justificarse en algunos casos, pero es políticamente inviable en las circunstancias actuales. Así es que la vocación de servicio público, el deseo de contribuir con el país, deben estar presentes en quien acepta un alto cargo público, al margen de otras consideraciones personales o profesionales.

Es inadmisible hoy en día nombrar a personas que no conozcan a fondo el campo que van a dirigir o las normas básicas de funcionamiento del sector público. Los costos de aprender o improvisar son muy altos para el país.

Seis empresarios que participaron en un conversatorio organizado por EF ponen énfasis en algunas instituciones que son de fundamental importancia para asegurar la estabilidad, el crecimiento económico y la confianza de las empresas nacionales y extranjeras que invierten en el país; entre ellas, los ministerios de Hacienda y Comercio Exterior (Comex), y el Banco Central.

La designación de esos jerarcas va a ser un factor clave y esperamos que la solidez de las personas y su capacidad de generar confianza sean elementos determinantes, no la filiación política. También es vital que sean personas familiarizadas con la realidad y las tendencias actuales.

Cabe destacar el caso de Comex, que ha mantenido una línea de acción coherente y un sólido equipo profesional a pesar de los cambios de gobierno. El próximo presidente debería ser pragmático y reconocer, al margen de la retórica propia de la campaña electoral, que la apertura de nuevos mercados, la facilitación del comercio y la atracción de inversión extranjera de calidad son objetivos esenciales para el crecimiento económico y el empleo. No son suficientes, pero son indispensables, para abordar exitosamente los problemas de pobreza e inequidad.

La misma solidez debería buscarse en los jerarcas de otras instituciones en áreas muy importantes para la competitividad y el desarrollo del país, como los ministerios de Obras Públicas y Transportes (MOPT), Ambiente y Energía, Educación, Economía, Ciencia y Tecnología, y en el sector descentralizado el ICE y la Caja Costarricense de Seguro Social, entre otras.

En algunos casos, como el MOPT, parece haber consenso en que se requiere una reingeniería integral y un ataque decidido a los focos de corrupción. Pero sabemos que esto no es fácil y el desgaste puede ser fatal para un gobierno, lo que reafirma la importancia de las credenciales de los jerarcas que se nombren.

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