EDITORIAL

Prudencia financiera


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E n los últimos meses los colones han empezado a ser más escasos y caros. El Banco Central de Costa Rica desde abril ha efectuado un importante giro en su política monetaria al subir contundentemente la tasa de interés de su política monetaria y al abrir sus ventanillas electrónicas para procurar captar colones del público en competencia abierta con las entidades financieras y el Ministerio de Hacienda.

Como era de esperar, estas decisiones del Banco Central se han ido traduciendo en incrementos de las tasas de interés en colones y en menores crecimientos en los saldos de depósitos y de crédito en el sistema financiero.

Efectivamente, las entidades financieras, en particular los bancos públicos como principales actores en el mercado de los colones, han aumentado las tasas de interés pagadas a sus depositantes en colones y las tasas de interés cobradas a sus deudores. La semana pasada la Tasa Básica Pasiva llegó al 6 %.

Las tasas de interés pagadas por los depósitos en dólares en nuestro sistema financiero no han experimentado cambios relevantes en los últimos meses, pero dado el incremento del riesgo cambiario asociado a la volatilidad reciente del tipo de cambio, se observa en los últimos meses un aumento de la dolarización de los depósitos y una reducción de los saldos de crédito en moneda extranjera en el sistema financiero costarricense.

Adicionalmente, los datos publicados por el Banco Central sobre el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) en el primer trimestre del 2017 muestran la desaceleración del crecimiento de la producción. Los dos motores de la economía costarricense –el consumo privado de los hogares y las exportaciones de bienes y servicios– bajaron sensiblemente su ritmo de crecimiento. Es posible que la política monetaria más austera del Central y los mayores riesgos cambiarios acentuarán en los próximos meses la desaceleración de la economía de nuestro país.

La incertidumbre en torno al déficit fiscal y a su financiamiento no contribuye a crear un marco propicio para la estabilidad y el crecimiento de la economía.

Lo lamentable de esta incertidumbre es que no solo abarca la situación del presente año, sino también la del 2018, porque el país tiene un problema de sostenibilidad fiscal de mediano plazo.

Todos los fenómenos anteriores: desaceleración económica, déficit fiscal, mayores tasas de interés en colones, menor crecimiento de la liquidez en colones, dolarización de los depósitos, reducción del crédito en dólares y desaceleración del crédito en colones implican mayores riesgos y un entorno más adverso para las entidades financieras que necesariamente tendrán que poner el freno a la expansión observada en años anteriores.

En la edición de EF de la semana pasada (N° 1.136, del 8-14 de julio) el banquero John Keith nos indicaba que el 2017 es un año de moderación en el crecimiento bancario.

No debemos olvidar que nuestra preocupación por la salud de las entidades financieras radica en su función esencial de custodia del ahorro del público. En las actuales circunstancias de mayor volatilidad, las entidades financieras y los supervisores tendrán que redoblar la prudencia financiera para afinar la administración del riesgo.

Puede ser que las entidades financieras tengan que pagar ahora los errores cometidos en los años anteriores de fuerte expansión crediticia, cuando los créditos se otorgaron más alegremente, con criterios menos estrictos, por la presión competitiva de ganar participación de mercado.

Como aspecto positivo se puede mencionar que en los últimos años la Superintendencia General de Entidades Financieras (Sugef) ha realizado importantes cambios para mejorar la administración de los riesgos de las entidades financieras. En buena hora se hizo, pero ahora es el momento de la verdad, porque es de esperar algún nivel de deterioro en las carteras de crédito.

Las empresas y personas tendrán que adaptarse a una situación de crédito menos abundante, más caro (especialmente, en colones, y más riesgoso, en dólares) y con mayores requisitos. Las entidades financieras en esta nueva realidad serán más exigentes al evaluar la capacidad de pago, al valorar las garantías, al evaluar la bondad de los proyectos y en solicitar información de calidad para sustentar las decisiones sobre el crédito.

En conclusión, el nuevo giro de la política monetaria implica una mayor moderación en el crecimiento de los agregados monetarios, como la liquidez y el crédito. Este cambio de velocidad debe administrarse con prudencia para resguardar el ahorro del público y minimizar las consecuencias para las entidades financieras y sus deudores.

Sostenbilidad y financiamiento