Editorial: Los retos de la Corte


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L a muerte de Luis Paulino Mora nos entristece y nos desafía no solo por su vigoroso liderazgo y por su irradiación moral e intelectual como presidente de la Corte Suprema de Justicia, y por su acendrado ejercicio de la judicatura, sino por su magisterio en la función pública y académica y por su vida ejemplar y familiar.

La desorientación, que siempre trae consigo la pérdida de un ciudadano singular en una posición señera, nos impulsa a proseguir su obra y aún a superarla, y este desafío de la vida y de la historia del país nos estimula a buscar siempre lo mejor, pues no es sino con el acopio y práctica de los valores y de las virtudes, encarnados en los dirigentes de la Patria y de aquí en los demás ciudadanos, como lograremos vencer los retos que hoy tenemos que enfrentar.

Nos corresponde a nosotros y, en particular, a las personas consagradas al Derecho y a la administración de justicia proseguir su obra. El cumplió con su deber en el orden de la administración de la justicia y el Poder Judicial comenzó a recuperar el tiempo perdido. Lo proclama la aplicación exitosa de los procesos orales en unión con sus compañeros de trabajo y diversos expertos, así como su esfuerzo en lograr la modernidad en materia tecnológica en el Poder Judicial y en la distribución del trabajo.

Esta tarea requiere, sin embargo, un empeño particular en el combate de la mala formación académica de muchos abogados y funcionarios judiciales y, en general, en el descenso sufrido por el país en lo tocante a la majestad del Derecho en la vida nacional. Tanto el Poder Judicial como el resto del Estado y la clase política han contraído una obligación singular en la restauración de la enseñanza del Derecho y en el respeto a la institucionalidad.

En esta lista de compromisos tanto el próximo presidente de la Corte como los magistrados deben poner oído atento y una visión diáfana sobre la necesidad de mantener incólume el principio de la independencia del Poder Judicial, cuyo inquietante peligro mostró el reciente conflicto entre este y el Poder Legislativo, por la reelección de un magistrado. Esta sigue siendo una cuenta pendiente en las relaciones entre los poderes del Estado, que de no resolverse cumplidamente, puede causar daños considerables, dado, sobre todo, el descenso de la calidad de la política, esto es, de los partidos y de la Asamblea Legislativa, así como las frecuentes acometidas contra la Sala IV.

En esta doble materia, sobre la Sala IV y el Poder Judicial, si bien es cierto que se imponen reformas a tono con la experiencia y el buen juicio de los expertos en este campo, en modo alguno deben prevalecer la animosidad política o los intereses subalternos. Es preciso, asimismo, valorar con todo cuidado las propuestas formuladas para otorgarle inmunidad y rango constitucional al fiscal general. Son harto importantes las reformas anunciadas en las relaciones entre los poderes del Estado como para que, por esnobismo o sin razones de fondo, se incurra en errores que puedan afectar valores esenciales del país.

Hay que recordar que será la Asamblea Legislativa la electora del magistrado sustituto de Luis Paulino Mora, pero corresponderá a los magistrados la elección de su presidente. La prudencia y el buen juicio se imponen en ambas instancias. Apelamos a la honorabilidad y discernimiento de los diputados y de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia para que imperen en esta tarea los más altos valores institucionales y personales.

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