Opinión: Fragmentados y radicalizados


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Dentro de la crisis de representación de tipo territorial, ideológica, sectorial y temática que experimenta nuestro país, subyacen otros temas de importante envergadura que podrían estar creando un enorme efecto desestabilizador del sistema político en el largo plazo.

Entre estos destaca el auge del corporativismo, el cual se manifiesta de diferentes formas, pero que tiene como uno de sus rasgos más visibles la actual descomposición, en todo el sentido de la palabra, de nuestros principales partidos políticos en microunidades partidarias de carácter temático. Ejemplo de esto son las luchas que están empezando a dar grupos como el de los taxistas formales, porteadores, LGBT, jóvenes y adultos mayores, entre otros.

Esta fragmentación en las estructuras internas de los partidos políticos, o bien, la transformación de grupos de presión e interés en pequeños partidos temáticos, parece, de a poco, conducirnos de un sistema de partidos de competencia centrípeta hacia uno de tipo centrífuga, donde los partidos asumen posiciones o posturas más marcadas, y en algunos casos radicales, respecto a diferentes temas en la agenda política, buscando capitalizar nichos electorales particulares.

El fenómeno anterior evidencia el fracaso de la estrategia “atrapa todo” adoptada en los últimos años por las principales agrupaciones políticas, en teoría para poder aglutinar una amalgama de sectores, sacrificando elementos de su identidad que los llevó, en algunos casos, a experimentar un proceso de completo desdibujamiento en lo ideológico.

Las consecuencias de esta metamorfosis y fragmentación es a todas luces perceptible en la dinámica de nuestra Asamblea Legislativa, donde en ocasiones se torna difícil distinguir las diferencias entre las ofertas programáticas de las principales agrupaciones políticas y en donde los partidos monotemáticos obstruyen, venden y compran apoyos, para generar mayorías mecánicas de carácter coyuntural sobre determinados proyectos, pero lamentablemente, no generan mayorías políticas que permitan escenarios de mayor gobernabilidad democrática.

Peligrosas batallas

Esta relación de dependencia de parte de las fuerzas políticas mayoritarias –generalmente la de gobierno– con los partidos monotemáticos se explica en la necesidad de los primeros por conformar bloques que les permitan obtener puestos estratégicos para la toma de decisiones dentro de la Asamblea Legislativa, situación que está abriendo paso para que estos micropartidos asuman peligrosamente importantes puestos de representación dentro del Congreso.

Esa circunstancia les permite a esas pequeñas fuerzas políticas emprender batallas contra otros grupos políticos de posturas antagónicas, paralizando el debate de proyectos urgentes y supeditando los intereses de la mayoría a los intereses particulares de sus agrupaciones.

El concepto de interés común es una vez más manipulado y vilipendiado por estos partidos políticos de carácter monotemático, grupos de presión y de interés quienes, por medio de la intimidación, las amenazas y el secuestro de la agenda legislativa o nuestras calles, son hoy quienes realmente gobiernan los destinos de Costa Rica.

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