Alcahuetería y ceguera impositiva del Gobierno


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Vivimos en el apogeo de la modernización global y el Gobierno aún piensa en la carreta.

En las últimas semanas, el fenómeno Uber ha tenido un impacto mediático en la sociedad costarricense como nunca antes se pensó. Tal fue el éxito, que borró de las conversaciones cotidianas y de las redes sociales la “renuncia” de Pablo Wanchope como técnico de la Selección Nacional, y logró que, en un país como Costa Rica, el tema pareciera “más importante” que los proyectos de reforma fiscal, los aumentos en los servicios públicos y el cuestionable desistimiento a las denuncias presentadas contra la administración Solís Rivera.

Desde Cuesta Moras y hasta Zapote, las vestiduras se han comenzado a rasgar para determinar la legalidad o no de una aplicación tecnológica que brinda un servicio que, a mi humilde opinión, contribuiría con la economía nacional, fomentaría la competencia entre los individuos que prestan el servicio de transporte y, sobre todo y más importante aún, incentivaría a todas aquellas empresas costarricenses denominadas startups a seguir innovando por crear productos y servicios más eficientes, ágiles y económicos.

Lo más lamentable de esta situación es la actitud que ha tomado el Gobierno por eliminar estas corrientes modernas. ¿Por qué ha mostrado una posición tan conservadora y poco visionaria de proteger únicamente a un sector costarricense que ha sido tan problemático y poco eficiente como lo son los taxistas y los porteadores? ¿Por qué mejor no piensa de una manera proactiva cómo se podría regular este servicio moderno y así lo ponen a competir de “tú a tú” con los demás oferentes?

La administración Solís Rivera está empecinada en preparar un paquete tributario que provocará un eventual caos para la sociedad costarricense, y lo más preocupante, es que su visión pasiva no les permite darse cuenta de que al frente de sus ojos existe una aplicación como Uber, que podría facilitar en gran medida la recaudación fiscal en Costa Rica. Esto por cuanto todos los pagos de este servicio se realizarían con tarjeta, lo cual definitivamente facilitaría la fiscalización tributaria.

Si el Consejo de Transporte Público y el Ministerio de Hacienda protegen tanto a ese gremio, ¿podrían decirme, por favor, cuanto es, en promedio, su recaudación bajo su régimen simplificado? Para nadie es un secreto que son pocos los taxistas que aceptan el datáfono como medio de pago, lo cual, aunado a su régimen simplificado, genera un aporte tributario que pareciese realmente insuficiente.

Hay que despertar

¿No era cierto que el Derecho no puede ser estático y que debía transformarse constantemente por la dinámica de la vida? El Gobierno debe despertar y darse cuenta de que este tipo de aplicaciones tendrá exactamente la misma historia que Skype, WhatsApp, AirBnB y hasta el mismo Spotify. Sinceramente, no veo a los artistas anunciar bloqueos, al contrario, los veo trabajando en modernizar su música y su género para que millones de personas alrededor del mundo los conozcan por i-Tunes o Spotify.

Otro claro ejemplo serían las compañías como Kolbi, Claro o Movistar que, a pesar de no recibir dividendos por los mensajes o llamadas que no se hagan en sus plataformas, no incentivan a sus empleados a cometer actos vandálicos contra Face-Time, WhatsApp o Viber.

¿Qué me dirán las compañías publicitarias que han tenido que modificar totalmente su modelo de desarrollo de servicios para competir y no verse rezagados contra las plataformas de Facebook, Twitter o Instagram? No ha entrado formalmente esta aplicación al país y ya están proliferando las aplicaciones como Taxible o Easy Taxi. Eso es exactamente lo que origina la competencia, innovación, desarrollo, oportunidad, trabajo y, sobre todo, las ganas de superación por brindar un mejor servicio.

Hoy será Uber, mañana será otra aplicación y en unos meses será alguna startup que planteará una solución a un problema que el Gobierno no ha podido corregir en años. La visión de nuestro país debe eliminar ya la cultura del pobrecito y educar a todos los habitantes sobre la realidad: vivimos en un mundo competitivo, sumamente carnívoro, donde las oportunidades se presentan y desvanecen en milésimas de segundos.

Bajo esta metodología de pensamiento, tendremos una nación competitiva, visionaria, con ganas de superación e instruida para buscar soluciones a todos los problemas que tanto daño nos generan.

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