Opinión: Una nueva era de inversiones


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Arranca una nueva era para las inversiones españolas en América Latina, o mejor dicho para los flujos de inversión entre la Península Ibérica y la América de habla hispana y portuguesa.

El periodo de inversión española en la región, que arrancó con las grandes privatizaciones de los servicios públicos a finales de la década de los 90 y la internacionalización de la banca española, está superado. Un periodo que ha generado importantes beneficios a ambas partes: a los inversores, en forma de beneficios y desarrollo internacional, y a los receptores, en forma de modernización de sus servicios, mercados, importación de conocimientos y mayor competencia en sus mercados.

Sin embargo, como ya adelantaban algunos analistas latinoamericanos dese hace un tiempo, la idea de “la tierra vacía” sedienta de inversiones que se tenía de América Latina en Europa ya no corresponde con la realidad. Es más, el flujo de inversiones ha crecido en el sentido inverso en 2013 con gran fuerza con capital chileno, mexicano, peruano y colombiano o de otros países comprando activos en banca, inmobiliaria y otros sectores en España.

El panorama ha cambiado de forma relevante en muchos aspectos. La competencia en los mercados latinoamericanos es cada vez más fuerte –lo que supone menores márgenes– y la sofisticación de los servicios y productos que demandan los consumidores locales es creciente –lo que implica mayor inversión–.

No obstante, los inversores extranjeros tienen que cuidar más sus llegada a la región, y los países tienen que mejorar su atractivo para el inversor.

América Latina sigue siendo tierra de oportunidades para las empresas españolas, europeas y extranjeras en general por su demografía, su crecimiento y su potencial. Sobre todo, para las de tamaño mediano que operan en sectores con mayor valor agregado o las start-up , entre otras. Pero el acercamiento a este mercado debe ser más cuidadoso y detallista para cualquier compañía que quiera acceder a él, tanto por la mayor competencia como por el hecho de que no será fácil que estas economías continúen creciendo al mismo ritmo que la década pasada si no hacen reformas, se diversifican y aumentan su competitividad.

Por su parte, los países tradicionalmente receptores de la inversión también tienen retos que afrontar. Captar inversión para sus países no será ya fácil. Los activos hace tiempo que dejaron de ser baratos en América, los márgenes se estrechan y el atractivo para el capital extranjero, aun manteniéndose, no es el que fue.

Sin embargo, la región aún necesita inversión, sobre todo en infraestructuras y en sectores productivos que diversifiquen sus fuentes de riqueza.

América Latina debe buscar nuevas formas de seguir atrayendo al capital extranjero. Quizás los márgenes no vuelvan a ser nunca los que fueron, pero hay caminos para seguir siendo atractivos. La seguridad jurídica o un sistema legal más business friendly podrían ser los caminos.

Más competidores

América Latina sigue siendo el destino primero y absolutamente prioritario para las empresas españolas, pero otros destinos comienzan a ser populares como Asia y, crecientemente, África, un continente con muchas oportunidades y geográficamente cercano. Otras regiones están haciendo sus deberes para llamar la atención del capital español e internacional. Hay más competencia, como destaca un comunicado de Fitch que señala que los países con grado de inversión BBB se han duplicado desde 2007. Es decir, hay más lugares atractivos donde invertir.

El informe “VII Panorama de Inversión Española en América Latina” de este año, elaborado por IE Business School (que se hará público esta semana), muestra, por primera vez, cómo las expectativas de negocio en la región se frenan, aunque sea de forma muy leve, mientras crecen las que generan otros mercados como EE. UU., Asia o África. Esto, junto con el reciente optimismo por la economía española y los menores márgenes en América hace que el 74% de las empresas españolas consideren que en tres años el mercado latinoamericano podría superar en importancia al español. Una cifra muy alta, pero menor al 81% del año pasado.

Las oportunidades siguen en América Latina para las empresas españolas, aunque no solo allí. Y seguirán estando largo tiempo si las economías regionales continúan o aceleran su camino hacia la estabilidad y seguridad, realizando las reformas y aperturas necesarias, y las empresas españolas afrontan estos mercados de una forma más sofisticada, como corresponde a la realidad económica que vive hoy América Latina.

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