Las ciudades inteligentes y la transformación del Internet de las Cosas


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Las TIC han evolucionado, se han desarrollado estrepitosamente y con ellas la urgente habilidad de los profesionales que diseñan y provisionan esas tecnologías para el consumo masivo.

En la otra acera, los consumidores, clientes o usuarios finales, cual extensiones de este centro neuronal, se nutren y consumen la oferta de bienes y servicios que esta convergencia ofrece.

Se aproximan retos de proporciones gigantescas para los gobiernos, para las ciudades y para quienes ejercen el poder y la responsabilidad de ofrecer soluciones asertivas y en tiempo, sobre el dinamizado mundo de la tecnología.

Nuestras naciones no han desarrollado conciencia del tsunami que pronto azotará sus costas, principalmente porque nuestra capacidad de respuesta es más reactiva y nuestro músculo de inversión en I+D e Innovación no estimula a la comunidad científico tecnológica para estos violentos y rápidos giros del entorno.

El auge del Internet de las cosas (IoT) o Internet de todo (IoE) está cambiando el paradigma de nuestra interacción social, creando modelos holísticos en donde el sistema completo se comporta de un modo inesperado respecto a la suma de sus partes, añadiendo pragmatismo a lo complejo.

LEA: 10 tecnologías en las que usted debe fijarse para aplicar Internet de las Cosas en su empresa.

La transformación

Nuestras ciudades y nuestro entorno están siendo transformados por el espíritu de los ingenieros y los científicos de las TIC, mediante modelos holísticos con un pragmatismo imaginado que ofrece soluciones simples a los desafíos del ser humano.

Se trata de tareas tan complejas para lo humano como, por ejemplo:

• El seguimiento de recursos como el agua, en tareas como la búsqueda de fugas, contaminación de fuentes e interrupciones de suministro.

• La integración de semáforos, para mantener el tráfico en movimiento y prioridades para moverse libremente en las rutas.

• Los sistemas de vigilancia y seguridad pública, el uso de mecanismos como el reconocimiento facial o la interpretación de la expresión corporal previa a un ilícito.

• El monitoreo del aire ante posibles riesgos para la salud pública.

• La detección, aviso y transformación activa de CO2, en ciudades con altos índices de polución.

•El acceso inteligente a recursos públicos, la simplificación de trámites y marcos de control.

Surge la interrogante: en un mundo de leyes de papel que ni el legislador es capaz de cumplir y que tiñen de burocracia la eficiencia y la eficacia, ¿cómo se podrían gestionar eficazmente una ciudad con millones de personas y con millones de retos que superar cada día? ¿Cómo podría dar seguridad jurídica a la cadena de custodia de los miles de millones de datos públicos y privados que de allí devienen?

No lo percibimos o lo vemos normal y ordinario, pero las ciudades y sus ciudadanos estamos recurriendo a dispositivos electrónicos y a redes inteligentes, para ayudarnos a gestionar y ejecutar nuestras tareas diarias.

¡Esta tendencia y sus desafíos, no se detendrán! La mejora en la calidad de vida, lo pragmático y la reducción de costos, están transformando nuestras sociedades. Nos guste o no, la revolución de las cosas invade nuestro diario vivir. Sin conciencia activa, usamos esta convergencia en el auto, la lavadora, el celular, equipo biomédico, peajes, geoposicionamiento, etc.

Esto es Internet de las cosas (IoT), la sinfonía de los dispositivos, de las interfaces humanas avanzadas, los centros de control y procesamiento de datos para que las personas se conecten a una velocidad que nunca hemos experimentado antes.

Es una tarea compleja que algunas ciudades, algunos países, algunas sociedades ya visionan.

*Profesor, Cenfotec

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