Opinión: Un aliado estratégico subutilizado


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A lo largo de 23 años de existencia de la Ley Reguladora del Mercado de Valores , los emisores se han ido ajustando a una serie de cambios profundos, gestionados de tiempo en tiempo por los reguladores en procura de un mercado de valores más ordenado, transparente y desarrollado.

Se pueden mencionar algunos de los grandes cambios que los emisores tuvieron que enfrentar en un afán de profesionalización y desarrollo del mercado: la implementación del prospecto y la remisión de información financiera periódica; la calificación de riesgo y la adopción de medios electrónicos para remitir la información antes mencionada (que sería de acceso público); la desmaterialización de las acciones y la adopción de las Normas Internacionales de Información Financiera.

Asimismo, la estandarización de las emisiones de deuda, que trajo como consecuencia para los emisores no financieros el cierre de las ventanillas y la utilización de los mecanismos de bolsa para la colocación de sus emisiones. Más recientemente, los emisores han trabajado en la implementación de buenas prácticas de gobierno corporativo.

Paralelamente, el mercado sufría otro tipo de transformaciones, motivadas, entre otras, por la entrada en operación de los llamados inversionistas institucionales (los fondos de inversión en 1994 y las Operadoras de Pensión, OPC, en el 2000), lo que redundó en que la bolsa evolucionara a en una alternativa muy interesante para el financiamiento de proyectos de largo plazo, sin olvidar el capital de trabajo. Sin embargo, el sector emisor privado no creció, sino que, por el contrario, se redujo notablemente: en 1993 existían 61 emisores no financieros registrados y al día de hoy contamos con 24.

Podríamos decir, entonces, que este retiro de empresas, “materia prima” del mercado, ha dejado a la “industria bursátil” con una “capacitad de planta ociosa” no destinada al fin primordial de las bolsas, cual es el proveer financiamiento al sector empresarial. Esto ha perjudicado al mercado en imposibilidad de diversificación de carteras, un mercado secundario real sin mayor actividad, fijación de precios que podrían no ser los adecuados ante el escaso volumen de transacciones y baja liquidez.

¿Qué ofrece el mercado?

Los emisores saben que cuentan con soberanía financiera en el manejo de los recursos dentro de los parámetros incluidos en el prospecto, independencia en la fijación de las condiciones del crédito, rapidez en la obtención de recursos (según condiciones del mercado), costos financieros competitivos sobre todo en el largo plazo, prestigio para las empresa, posibilidad de diversificar sus fuentes de financiamiento, plazos del financiamiento largos, la no dependencia de garantías reales para el registro de las emisiones, la no obligatoriedad de pagar las emisiones de corto plazo para registrar otras nuevas y una fuente de financiamiento exenta de potenciales restricciones que pudieran aplicarse a las entidades bancarias, etc.

¿Cuáles son las razones por las cuales estos beneficios no son suficientes para provocar el interés de los empresarios y revertir la salida de los emisores?

Existen muchas. Por un lado, está la existencia de otras fuentes de financiamiento tradicionales, como bancos o casas matrices, que fondean a sus subsidiarias locales. Pero también cabe reconocer que el tamaño de las empresas puede ser una limitación y con ello, el monto de las emisiones que requerirían registrar.

Ciertamente, existe desconocimiento por parte de los empresarios, de los requisitos y procedimiento para el registro de una emisión, y temor a hacer pública la información de la empresa.

Todas las razones antes apuntadas son válidas, pero hay una que es imprescindible mencionar: la necesidad de que el mercado de valores sea considerado a nivel de los programas de gobierno como un aliado estratégico para promover el desarrollo nacional, toda vez que este canal de fondeo no solamente se encuentra a disposición de la empresa privada, sino también de muchos proyectos públicos.

Es una lástima que una parte importante de los recursos de largo plazo que generan las OPC hayan tenido que invertirse fuera de nuestras fronteras, aunque no es malo dentro de una política sana de diversificación.

En resumen, si bien hay aspectos que pueden mejorarse, para una economía pequeña como la nuestra, es un “lujo” contar con un mercado de valores organizado como el que tenemos, y es una lástima que no se aprovechen todos los beneficios que puede ofrecer para el desarrollo del país.

Sostenbilidad y financiamiento