Opinión: Un nuevo modelo bursátil


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Era el año 1976 y en el ambiente financiero se respiraba poca claridad acerca de la visión de un grupo de pioneros de construir un mercado bursátil. Eran tiempos tranquilos. No existía riesgo que arbitrar, escasos títulos que negociar. A pesar de todo, la idea del negocio tomó forma. La bolsa se fundó y se realizó la primera operación: Bono de Deuda Interna. Alguien tomó la postura de venta, otro la compra. ¡Había mercado!

La historia da cuenta de que fue un evento importante. Primera transacción, un punto en el plano de la curva soberana. El sistema financiero había encontrado la fórmula para fijar el costo del dinero y otorgar liquidez al ahorro. En Hacienda se observaban estos hechos. El Gobierno necesitaba ayuda. Se requiere de un aliado, el déficit predice un sombrío panorama. Se vislumbraba una luz. Mercado primario para la deuda soberana. Como se había pensado, alto déficit y desajustes monetarios fueron capitalizados.

La naciente institución logró, en poco tiempo, innovar instrumentos y desarrolló lo que faltaba, profundizar la deuda interna en nuevos vehículos de corte bursátil. Más tarde, esta geometría se transformó en la ingeniería financiera base para redactar la Ley Reguladora del Mercado de Valores y sus reformas. Así, para la segunda mitad de la década de los 80, los pioneros eran exitosos empresarios. Lo que inició como un sueño se había convertido en realidad.

Si, tal como los pioneros, es soñar el futuro de lo que se trata, deseo visualizar un nuevo modelo para nuestro mercado bursátil. Un mercado de capitales orientado a impulsar crecimiento. Bajo este escenario, considero imperativo aprobar reformas y romper las barreras mentales. No debemos creer que la única vía es endeudar al Estado. En su defecto, se trata de utilizar el marco del mercado de valores para canalizar capital hacia la inversión real.

Asignar riesgo e innovar otros vehículos que faciliten la formación de infraestructura. Entiendo por ello, megaproyectos, grandes inversiones. Las bien llamadas locomotoras del desarrollo. La propuesta tiene siglos, data de los años 1300, cuando la Corona Inglesa utilizó este esquema para cancelar al banco mercantil de Florencia sus aportes a la exploración y explotación de las minas de plata Devon. Desde entonces, diversos modelos se han desarrollado. Por la misma crisis nacieron programas de financiamiento dentro de los mercados de capitales. Esta vez, bajo un vehículo de inversión o una compañía proyecto. En esta, se ensambla un consorcio de inversionistas calificados, bancos y partes interesadas. Unos entran en coinversión, otros aportan crédito de largo plazo. Es una conveniencia porque ninguno de los participantes por sí mismo tiene magnitud y experiencia para entrar solo en el proyecto.

Proyectos por financiar

Como sería de esperar, al no contar este mecanismo con el aval del Estado, los riesgos y rendimientos son parte de la estructura. Riesgos que deben ser mitigados entre las partes. Autopistas, hospitales, aulas, fibra hasta el hogar, energía limpia y un metro interurbano serían mis candidatos a estructurar y financiar. Alguien dirá, “oiga, todo ello cuesta millones”. Sí, muchos verdes y eso es lo que más abunda. Recordemos lo relevante que son los programas de expansión monetaria de la Reserva Federal de EE. UU. y la resonancia que a partir del 2014 tendrá el Banco Central de Japón. Todos programas expansivos para incentivar la economía mundial. Miles de millones de impresión. Baja inflación y tasas muy cerca de cero. Al reciclarse estos recursos desde el centro a la periferia, los agentes financieros de la plaza de Nueva York canalizarán inversión hacia vehículos que se estructuren bajo la idea capital, proyecto, mitigación y distribución de los riesgos.

Está en nuestras manos. La experiencia y transparencia del mercado de valores son valiosos activos para canalizar recursos de infraestructura.

Seamos patriotas: Impulsemos reformas a nuestros reglamentos. Tenemos la obligación de renovar el mercado de capitales. Nuestros ahorros, fondos de pensión y fondos colectivos de ahorro pueden transformar infraestructura en producción. Con este patrimonio de todos, también las obras de la patria podrán edificarse.

Sostenbilidad y financiamiento