Opinión: Inflación por devaluación


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Como consecuencia de la guerra del Yom Kippur entre Israel con Siria y Egipto en 1973, se desencadena la primera crisis petrolera mundial. La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) decidió recortar el suministro de petróleo a los países que habían apoyado a Israel, haciendo que su precio subiera súbitamente.

América Latina (la región) inicio un proceso de endeudamiento externo dirigido a mitigar los aumentos en la “factura” petrolera. A su vez, el modelo de sustitución de importaciones representó un intento de forjar una identidad económica mirando al desarrollo regional “hacia adentro”, pero su costo de implementación resultó en desbalances fiscales en la mayoría de países latinoamericanos. Como si no fuera suficiente, muchas de los productos de exportación regionales sufrieron de bajos precios en los mercados internacionales, generándose así desbalances comerciales crónicos.

Cuando muchos en América Latina pensaron que lo peor ya había pasado, surge la segunda crisis petrolera impulsada por el aumento en la dependencia en el consumo de petróleo, y por la inestabilidad en Medio Oriente a fines de los 70. La revolución blanca del sha , la consecuente revolución iraní y la guerra entre Irán e Iraq, influyeron para que el precio del petróleo subiera diez veces más que en relación con el precio de 1973.

Esto generó mayor presión inflacionaria en la región impulsada por la devaluación desencadenada por los desbalances en las balanzas de pagos, por los déficits fiscales heredados de la época del paternalismo estatal y por la rápida salida de capitales extranjeros. La alta necesidad de liquidez internacional y el reciclaje de petrodólares en la banca privada internacional, hicieron a la región entrar en la crisis de la deuda de los 80. Costa Rica no se escapó a estas realidades.

Riesgos de hoy

A pesar de que las condiciones histórico-económicas de hoy son muy distintas, la devaluación vuelve a generar presiones inflacionarias a las autoridades económicas del país, las cuales entran en una disyuntiva económica retadora para controlarla. Aunado a esto, los shocks exógenos recientes generados por la incursión del Ejercito Islámico de Irak y Levante a países como Siria e Iraq, generan nuevos riesgos económicos.

La inflación en Costa Rica podría mantenerse entre el 3% y 5% este año, vía política cambiaria. El uso de las reservas monetarias internacionales para intervenir el tipo de cambio serviría para reducir las presiones inflacionarias vía paridad de poder adquisitivo. Sin embargo, hay escasez en las reservas monetarias internacionales en momentos en que los flujos de capitales tienden a dirigirse hacia Estados Unidos por la normalización de sus tasas de interés, lo cual ha contribuido a que Costa Rica haya experimentado un aumento en su ritmo de devaluación durante todo este año.

Otra opción es atraer más flujos de capitales internacionales, pero se acaba de crear una ley para desincentivarlos. Una posibilidad es tener exportaciones de alto valor agregado, pero requiere la transformación productiva de nuestra economía.

Por otro lado, la reducción del déficit fiscal disminuiría la presión sobre la inflación. Las autoridades económicas del país deben tomar medidas de manera expedita y valiente, para reducir la presión a que los gastos del Gobierno sigan aumentando. Así se controlaría la presión al alza de tasas de interés locales mediante un menor endeudamiento interno y se bajaría la presión sobre los precios internos vía efecto Fisher.

El endeudamiento externo vía eurobonos hace que entren temporalmente dólares frescos al país, y se logre ralentizar el proceso devaluativo, pero una vez cambiados a colones, se presiona los precios locales a subir. Por supuesto que una “esterilización” de ese exceso de colones resuelve temporalmente el problema, pero caemos en el círculo vicioso de la dependencia en deuda.

La respuesta a esta disyuntiva económica requiere disposición política hacia la planificación a largo plazo para encontrar soluciones reales. El médico y escritor francés Jean Baptiste Decurel (1795-1872) usa una frase muy concordante con el comportamiento de algunas autoridades económicas del medio nacional: “La terquedad no es más que la energía de los necios”.

Las metas de inflación son importantes, pero no podemos ser tan tercos de convertirnos en necios, y no permitirnos visualizar el resto de variables macroeconómicas que influyen sobre la inflación.

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