Opinión: Se puede evitar una crisis en China


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Pekín. Los mercados siempre están en la búsqueda de una historia, y los inversionistas, al parecer, han encontrado una nueva este año en China. La desaceleración del crecimiento del país y los riesgos financieros crecientes han originado una ola de pesimismo que hace que los economistas en todo el mundo prevengan sobre un colapso inminente.

Sin embargo, los pronósticos desesperados en cuanto a China han abundado a lo largo de los últimos 30 años, y ninguno se ha materializado. ¿Son realmente distintos los de ahora?

La respuesta rápida es no. Al igual que los pronósticos del pasado, las advertencias de ahora se basan en antecedentes históricos e indicadores universales contra China, que tiene características económicas únicas, y sencillamente no se pueden analizar certeramente.

El punto central es que la complejidad y peculiaridad de la economía china significan que hacer una evaluación sobre su estado y desempeño actuales requiere de un análisis detallado que explique el mayor número posible de factores de contrapeso. En gran parte, los pronósticos no tienen sentido dado que los supuestos que los sustentan cambiarán invariablemente con el tiempo.

Consideremos el coeficiente elevado de apalancamiento de China, que muchos señalan será un factor clave como una causa de crisis. Después de todo, sostienen, países en desarrollo que han experimentado un auge de crédito de la larga escala terminarán por enfrentar una crisis de crédito y una fuerte caída de la economía.

Sin embargo, se deben tomar en cuenta numerosos factores específicos para analizar si esta será la suerte de China. Si bien la proporción de la deuda con el PIB es muy alta, sucede lo mismo en muchas economías exitosas de Asia Oriental, como Taiwán, Singapur, Corea del Sur, Tailandia y Malasia. Además, la tasa de ahorros china es mucho mayor. ceteris paribus , a mayor tasa de ahorro, menor probabilidad de que la fuerte relación entre deuda y PIB desencadene una crisis financiera.

De hecho, la alta proporción de la deuda con el PIB en China se debe, hasta cierta medida, al resultado de sus tasas simultáneamente elevadas de ahorros e inversión. Y si bien, la incapacidad de liquidar créditos puede contribuir a la fuerte carga de deuda, el coeficiente de morosidad (NPL, por sus siglas en inglés) de los principales bancos chinos es inferior a 1%.

Si con base en estas consideraciones se llega a la conclusión de que la relación entre deuda y PIB en China sí constituye una amenaza sustancial a su estabilidad financiera, queda pendiente la cuestión de si es probable que se produzca una crisis. Solamente después de haber identificado todos los vínculos específicos entre una fuerte carga de deuda y el inicio de una crisis financiera, entonces se pueden desprender conclusiones provisionales.

¿Existe una burbuja?

A menudo se señala la burbuja de precios inmobiliarios de China como catalizador probable de una crisis. Sin embargo, es incierto cómo se desarrollaría una depresión de esa naturaleza.

Supongamos que estalló una burbuja inmobiliaria. En China no hay hipotecas de alto riesgo, y el enganche del precio de compra requerido para ser candidato a un financiamiento puede rebasar el 50%. Dada la improbabilidad de disminución de precios en un margen tan amplio, el estallido de la burbuja de los precios de las viviendas no colapsará los bancos de China. Incluso, si los precios inmobiliarios caen en más de 50%, los bancos comerciales podrían aguantar, sobre todo porque las hipotecas representan solamente el 20% de los activos totales de los bancos.

Al mismo tiempo, los precios contraídos atraerían nuevos compradores en las principales ciudades, lo que provocaría la estabilización del mercado. Además, la estrategia de urbanización de China, que se anunció hace poco, debería garantizar que la estructura demográfica de las ciudades resiste la demanda intrínseca. Si esto no fuera suficiente para evitar el desastre, el Gobierno podría comprar propiedades no vendidas y usarlas en programas de vivienda social.

Además, si es necesario, los bancos podrían recuperar fondos mediante la venta de garantías. Como último recurso, el Gobierno podría intervenir como hizo antes en avanzados los años 90 y temprano los años 2000, para eliminar NPL de las hojas de balance de los bancos. En efecto, China tiene arcas masivas de reservas extranjeras que no dudaría en usar para inyectar capital a los bancos comerciales.

Sigue siendo un escenario muy improbable. El sistema bancario chino sí enfrenta desafíos que se deben a un desfase de madurez entre créditos y depósitos. Sin embargo, el desfase es menos serio de lo que algunos observadores piensan. De hecho, el periodo promedio de depósitos en los bancos chinos es de alrededor de nueve meses, mientras que el medio y largo plazo representan solamente más de la mitad del total de créditos pendientes.

Surgiría un riesgo más grave si el Gobierno intentara aplicar muy rápido una liberalización de la cuenta de capital demasiado amplia. Si China flexibiliza las restricciones sobre los flujos transfronterizos de capital, un choque inesperado podría desencadenar una fuga de capital a gran escala, con lo que todo el sistema financiero se vendría abajo. Ante esto, es esencial que China mantenga el control sobre los flujos transfronterizos de capital a corto plazo en el futuro cercano.

Del mismo modo, el Gobierno chino debe resolver una contradicción fundamental. Las tasas de interés han estado aumentando de manera constante debido al desenfrenado arbitraje reglamentario (mediante el cual los bancos encuentran lagunas jurídicas que les permiten evitar normas desfavorables) y la fragmentación del mercado crediticio, mientras que los rendimientos del capital han disminuido rápidamente debido al exceso de capacidad.

Si el Gobierno chino no logra invertir esta tendencia, será inevitable una crisis financiera, de un tipo o de otro. No obstante, dado el amplio margen de maniobra de las autoridades para intervenir en las políticas, la crisis no llegará pronto, si es que llega.

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