Opinión: C-Neutralidad y la refinería


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En el pasado, Costa Rica tuvo las tasas de deforestación más altas del mundo por la escasa valoración que los modelos de desarrollo asignaban a los bosques en pie, llegando a reducir su cobertura forestal a un 21% del territorio en 1987. Pero la reacción nacional y las políticas de Estado dirigidas a corregir tal aberración detuvieron ese desastre ambiental y económico; se redujo la deforestación, se revirtió la tendencia y hoy el país tiene 52,3% de su territorio cubierto de árboles.

Como se ve, la marca verde de Costa Rica y su prestigio ecológico en la comunidad internacional no se forjaron sin cortar nunca un árbol o por tener más bosques tropicales prístinos. Fueron ganados a partir de una ardua labor, una política de Estado bien dirigida y combinando lo mejor de la ciencia forestal, la conservación e instrumentos económicos para revertir “un mal público como la deforestación”.

Desde la Cumbre de la Tierra en 1992, nuestro modelo es el de la sostenibilidad, el del crecimiento verde, no el de la conservación inmóvil y de espaldas al bienestar de las comunidades.

La meta de C-Neutralidad también es ambiciosa, difícil de lograr y pionera, pero fundamental para consolidar un desarrollo bajo en emisiones y adaptado al cambio climático. Muy pocos países la hemos asumido y presentado al escrutinio mundial.

Con esta meta no se trata de inmovilizar el país ni de abandonar el equilibrio entre lo verde y lo socioeconómico. Se trata de reducir al máximo las emisiones de CO2 equivalente, predicar con el ejemplo y contribuir al reto más grande que enfrenta la humanidad: el cambio climático. Las toneladas de CO2 que no se puedan reducir se compensarán plantando más árboles y con proyectos específicos en viviendas, ganadería, café y desechos sólidos.

Para el 2021, las emisiones nacionales de GEI alcanzarán 22 millones de toneladas de CO2 equivalente. Con acciones en el sector forestal y agroforestal se compensarán 16 millones de ellas, manteniendo la inversión del impuesto único a los combustibles que se destina a PSA y sumando esfuerzos del sector agrícola.

Para reducir los otros 6 millones de toneladas de CO2 es indispensable actuar sobre la principal fuente de emisiones de GEI en el país: el sector transporte. Estamos promoviendo la introducción de LNG (gas natural licuado), de hidrógeno y el cambio de la flota vehicular de taxis y buses por tecnologías más limpias. Pero eso toma tiempo y se requerirá que los vehículos que continúen usando derivados del petróleo adopten estándares de mayor eficiencia para reducir la intensidad energética y el CO2 por kilómetro recorrido.

Un espejismo

Se estima que para el 2021 tendremos 2,6 millones de vehículos (uno por cada dos habitantes) y 3,9 millones en el 2030. Por eso es un espejismo decir que si se construye una nueva refinería pronto caería en desuso, o que iría contra la meta de C-Neutralidad. Más bien, una moderna refinería ayudará a producir los combustibles –que de todos modos usará el país– bajo estándares de mayor calidad, con menos partículas contaminantes y a menor costo. Asimismo, el hecho de no refinar el crudo aquí no implicará reducción de emisiones, pues el CO2 emitido por el sector transporte resulta del uso de combustibles fósiles, sea que provengan de importaciones o de una refinería.

Paralelamente, hay que incentivar la sustitución de los combustibles fósiles por biocombustibles, reducir la generación de electricidad con plantas térmicas y avanzar en la introducción del LNG, pero es un proceso gradual.

Veo improbable que dejemos de consumir gasolina y diesel en los próximos 15 años. El presidente Obama recientemente manifestó que dependeremos de los combustibles fósiles 20-25 años más. La combinación propuesta por Recope hasta hoy sugiere una refinería de 65.000 barriles y varias plantas de biocombustibles para 13.000 barriles por día adicionales, lo cual requeriría plantar en pocos años entre 80.000-120.000 hectáreas de coyol y jatropha . Esto conlleva los retos propios de introducir un monocultivo y suele demandar muchos años o décadas y supone lidiar con plagas, diversidad de suelos, sol y agua típica de los microclimas del trópico, y con el cambio climático. No hay que detener estos esfuerzos pero sí analizar objetivamente: ¿Puede el país ser independiente del petróleo en 15 años? ¿Puede plantar coyol y jatropha sin afectar otras actividades económicas sustanciales para la seguridad alimentaria?

Quisiera contestar a ambas preguntas con un entusiasta sí. Acto seguido, pedir a la Asamblea Legislativa que convierta a Recope en la Refinadora Costarricense de Petróleo y de Energías Limpias. Estas acciones son posibles y hay que asumirlas con seriedad.

Entre tanto, por seguridad energética, será necesario abastecer al país de los derivados de petróleo que requeriremos, sin exceder los 65.000 barriles diarios que producirá una nueva refinería (sea con China u otros socios).

Ya comenzamos a tener problemas de competitividad en empresas industriales que consumen mucha energía. Nuestros costos de energía son más altos que en muchos países y si las empresas cierran o se van del país se generaría un inmenso problema social, con despidos y desempleo. Por eso propuse a Recope plantear un plan B, que incluya más biocombustibles en la matriz energética, pero que también calcule responsablemente la cantidad de combustibles fósiles que aún necesitaremos.

Combinando inteligentemente todos estos elementos, creo que el país puede llegar a ser C-Neutral antes que otros, sustituyendo gradualmente el petróleo por combustibles más limpios y que no compitan con la producción de alimentos.

Sostenbilidad y financiamiento