No todos somos evasores


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Existe una triste realidad en la relación actual entre los contribuyentes y la Administración Tributaria. Para Tributación, la gran mayoría de nosotros –los contribuyentes– somos evasores y, por ello, se nos trata como tales.

Esta situación ha generado que el marco legal esté evidentemente inclinado a favor de la Administración y que cada vez se limite y restrinja el margen de acción que los contribuyentes tenemos: o nos ajustamos al criterio del auditor o vaya usted a litigar… pero consensos los hay pocos. ¡Qué paradoja! Pasamos de un extremo al otro: de un sistema tributario casi voluntario a inicios de los años noventa, a uno cuasi inquisidor en la actualidad.

Esta falta de neutralidad debe hacernos pensar en que la principal meta en 2013 ha de ser nivelar la relación entre contribuyentes y Administración: ni todos los contribuyentes somos evasores ni todos los funcionarios son malos y arbitrarios.

Sin embargo, ¿qué podemos esperar en el 2013? Al ser un año electoral, no deberíamos esperar mayores modificaciones legislativas, salvo dos excepciones: deberá aprobarse el proyecto de ley que permita la acreditación en el Impuesto General sobre las Ventas del impuesto pagado por etiquetas, corrugados y empaques así como el relacionado con las normas de precios de transferencia. Más allá de estas, pareciera que, a lo sumo, se podría aspirar a la presentación de un nuevo proyecto de reforma fiscal o de restricción del gasto para una eventual futura discusión.

Las nuevas leyes recién aprobadas traerán muchísimas disputas legales, toda vez que es abusiva en exceso en contra del contribuyente. Un claro ejemplo es la obligación de pagar cualquier ajuste que Tributación determine aún y cuando el acto no esté firme. Considero que las posibilidades de que esta situación sea analizada por la Sala IV son muy altas, dado que habrá un enorme perjuicio para el país.

Asimismo, entrará en vigencia el nuevo Reglamento de Procedimiento Tributario, el cual ya ha sido puesto en conocimiento de los contribuyentes de previo a su aprobación.

En el lado positivo, veremos una consolidación de las herramientas digitales en beneficio de una gestión eficiente.

El nuevo marco sancionador traerá tensión en su aplicación así como errores en sus interpretaciones. Esperamos que Hacienda recuerde que “proactividad” no significa “agresividad”. Todos estamos en el mismo barco, y mientras no lo entendamos, el sistema seguirá estancado.

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