Opinión: El rol de la Sugeval


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La Ley Reguladora del Mercado de Valores (LRMV) no admite duda respecto de la razón de ser de la Superintendencia General de Valores (Sugeval). Ella es expresa en su artículo 3, en cuanto a que “(…) velará por la transparencia de los mercados de valores, la formación correcta de los precios en ellos, la protección de los inversionistas y la difusión de la información necesaria para asegurar la consecución de estos fines. Regirá sus actividades por lo dispuesto en esta ley, sus reglamentos y las demás leyes aplicables (…)”.

Tampoco hay que realizar mucho esfuerzo para comprender que de previo a la “elección” del actual superintendente general de valores, se debió de pensar en un hombre o una mujer, cuya personalidad, temperamento y rasgos sociológicos, en general, lo o la presentaran como una persona capaz de demostrar el adecuado equilibrio en la aplicación de los principios que emanan de la LRMV; con la humildad o poder de adecuación, para comprender que entraba a un mundo jurídico cuya “cancha está ya marcada y las reglas dadas” por el Derecho del Mercado de Valores, y que debía de someterse a una rigurosa “reprogramación mental”, para desarrollar su papel y alcanzar el objeto legal trazado para la institución.

El Derecho actual del Mercado de Valores es contundente al comprender y exponer que el inversionista individual ha sido, es y seguirá siendo, la parte débil en la relación de servicio que brindan los operadores de un mercado de valores, y que está sometido, como consumidor, a las mismas estrategias de venta propias del mercadeo agresivo y masivo. Así es como la “activación de las emociones del inversionista”, la fácil generación de confianza, junto a la explotación de su desconocimiento técnico, frente a la acción guiada por el mercadeo incesante de un “asesor” –que olvidó su verdadero rol para convertirse en un “vendedor en masa” común y corriente–, producen relaciones jurídicas de servicios que arrojarán en cualquier momento pérdidas cuantiosas para los inversionistas. Cuando al actual superintendente lo llevaron a su cargo, se encontró con ese mundo y con esos problemas pendientes, y continuará encontrándoselos durante el ejercicio de su cargo.

Todo lo anterior hace que este alto funcionario se enfrente al reto de ser eficiente en la aplicación del verdadero Derecho del Mercado de Valores, aunque ello implique ser contrario a lo que sus “excolegas gerentes de puestos de bolsa, asesores de inversión y agentes de bolsa” y él mismo, consideran que debería de ser. Por eso el perfil, que además de ser sólido sociológicamente hablando, lo debe ser en cuanto a principios fundamentales del proceder de todo funcionario público, objetividad e independencia, sabiamente enfocado por la contundencia académica.

El perfil actual

Recientemente envié algunas preguntas al actual presidente del Conassif sobre el proceso de “elección” del actual superintendente, con el fin de confirmar si realmente había sido lo que debiera ser, por tratarse de uno de los nombramientos más importantes para la economía de este país, o si realmente fue un proceso en donde simplemente ya había “un ungido” con “su llamado” desde la oficina de la Segunda Vicepresidencia de la República. Me ha quedado muy claro que fue lo segundo.

Entre los documentos enviados por don José Luis Arce, se encuentra el currículum vitae del actual superintendente, del cual sobresale lo siguiente en cuadro de referencia: “Profesional con experiencia en Gerencia General, Ventas, Mercadeo, Finanzas, Planeamiento Estratégico, Gestión Integral de Riesgos y Relación con clientes de Alto Valor. Persona emprendedora, directa, analítica, dinámica, enérgica y con fuerte apego a valores. Elevada motivación al ejecutar asignaciones desafiantes que ofrezcan posibilidades de alto crecimiento, aceptando responsabilidades que impliquen solución de problemas, trabajo en equipo, enfoque al cliente, cumplimiento de objetivos y metas en ambientes altamente competitivos. Formación académica en la Universidad de Costa Rica, Facultad de Ciencias Económicas, Escuela de Economía con énfasis en finanzas de los negocios (…)”. Es evidente, del contenido curricular, que los objetivos y fines determinados por la LRMV no se podían esperar, sin embargo, así el Conassif lo “nombró”.

Por sus frutos los conoceréis. Se trata de un principio bíblico y un principio de vida absoluto. Usted no puede pedirle al árbol de mango que le dé manzanas. Usted no puede pedirle a quien ha sido formado, programado, y además ha enseñado y programado a otros, a ser gerentes de puestos de bolsa y de sociedades administradoras de fondos de inversión, que sea ahora superintendente y rector del órgano que por mandato legal nació para proteger a los inversionistas y ser un aplicador riguroso, sistemático y respetuoso, de los principios del Derecho del Mercado de Valores.

El actual superintendente fue un exitoso y alto funcionario bancario, exitoso subgerente de mercadeo y desarrollo de la Bolsa Nacional de Valores, exitoso gerente del puesto de bolsa que fue propiedad del actual segundo vicepresidente de la República, pero eso no le da, todo lo contrario, lo aleja en mucho, de tener los atestados necesarios para ser un adecuado superintendente general de valores. Prueba de ello es que, desde que se inició su periodo a inicios de julio del 2012, ha enviado a archivar casos muy importantes en contra del puesto de bolsa de Citibank, y otros que aún están por verse.

En contrario, han sido continuas las modificaciones reglamentarias “aflojando” la reglamentación y el cinturón para el operador. El mensaje para el inversionista es claro, la Superintendencia, con el actual superintendente, no le protege, pues su “mercado meta” son los operadores. No podemos más que concluir que una época de “triste oscurantismo” en el mercado de valores costarricense ha iniciado.

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