Opinión: La “mala formación”


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En el año 2009, mi vida profesional tuvo un giro verdaderamente profundo, cuando empecé a atender reclamos de inversionistas a puestos de bolsa y sociedades administradoras de fondos de inversión (SAFI).

Luego de asesorar durante 20 años a los operadores del mercado de valores, tuve la oportunidad de abrir “la caja negra” y conocer historias muy crudas sobre las relaciones entre esos operadores y “sus clientes”.

¿Qué hacer con respecto a la problemática planteada por EF, en edición 976, en el artículo titulado “Puestos fallaron en dar información”?

La transformación debe ser estructural, de lo contrario el problema seguirá. A la actualización de la normativa y la consolidación de la reciente jurisprudencia –muy valiente por cierto– del Conassif, que cambia sustancialmente la forma en que la actual administración de la Sugeval ha venido viendo, resolviendo y archivando casos, hay que agregarle temas como los siguientes: a) Cambio profundo en la formación de los agentes de bolsa y ejecutivos de fondos de inversión, b) Estudiar la posibilidad de determinar los perfiles sicológicos de quienes aspiran a esas profesiones, c) Hacer eficiente y suficiente a la Sugeval en la defensa de los intereses de los inversionistas.

En esta oportunidad, trataremos el primer punto.

¿Quiénes han formado históricamente a los agentes de bolsa y ejecutivos de fondos de inversión?

Empecemos por ahí, porque es vital entender una de las raíces del problema. Históricamente lo han hecho la Bolsa de Valores, la Cámara de Concesionarios de Puestos de Bolsa, la Cámara Costarricense de Fondos de Inversión y las mismas SAFI.

Es necesario meditar en cuanto a: ¿Conviene mantener la práctica histórica de centralizar la formación?

El ordenamiento costarricense no exige que su formación provenga del mismo mercado; lo que indica es que las bolsas otorguen la credencial a los agentes de bolsa; en cuanto a los ejecutivos de fondos de inversión, estas son figuras creadas por reglamento, de manera que hay libertad en determinar quiénes los forman, pero el reglamento actual es muy frágil en cuanto a que simplemente indica que ese debe “contar con la credencial de ejecutivo de venta de fondos, otorgada por una entidad reconocida por la Superintendencia General de Valores. Para tal reconocimiento, la entidad debe presentar el programa de estudios, la lista y atestados de los instructores y las metodologías de instrucción” (artículo 117 del reglamento), admitiendo el gran error en la práctica, de que las mismas safi directamente formen a sus ejecutivos o lo hagan indirectamente con la Cámara que las reúne.

Descentralización

En el tanto en que se mantenga la “centralización de la formación”, ningún tercero podría intentar competir, pues hay un “pacto en el silencio”, de no accesar terceras fuentes de formación.

Continuar permitiendo la “centralización de la formación” va a extender en el tiempo lo siguiente: a) La existencia de “temarios light ”, poco exigentes y descontextualizados con la visión actual, b) La continuidad de un “círculo vicioso” que no ha dado buenos frutos, c) Que los puestos de bolsa y las SAFI influyan en los programas de formación, d) Impedimento de que la visión del “inversionista consumidor o consumidor financiero” llegue a los potenciales agentes de bolsa y ejecutivos de fondos de inversión, e) Impedir la promoción de cambio de mentalidad respecto de las malas prácticas institucionales en los operadores del mercado.

La “descentralización de la formación” ayudaría a iniciar un proceso de cambio cultural y colaboraría en la producción de una nueva generación de operadores físicos que den una oportunidad al mercado de valores de recuperar lo perdido.

Sostenbilidad y financiamiento