Editorial: El país de las presas


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L os trabajadores costarricenses estamos perdiendo competitividad debido a la inoperancia del sistema vial. No solo no se desarrollan los proyectos de infraestructura vial, sino que, además, el transporte público brinda un pésimo servicio y los conductores se comportan como si nunca hubieran oído hablar de la ley de tránsito.

También estamos perdiendo salud debido a las emisiones excesivas de dióxido de carbono que emanan miles de vehículos quemando combustible en un solo lugar.

Es cierto que todas las grandes ciudades sufren de congestión vial, pero en ellas existen diversas opciones de transporte público, las calles están en buen estado y la cortesía al conducir es la norma, no la excepción.

Perder entre 3 y 4 horas diarias desplazándose hacia, y desde, el trabajo le resta productividad a la fuerza laboral de Costa Rica. Está demostrado el impacto en el estado de ánimo y el estrés que genera la pérdida de tiempo y el no saber a qué hora terminará el suplicio. No hay ninguna razón para creer que los que utilizan el transporte público sufran menos, ya que el servicio carece de puntualidad, los límites de pasajeros se irrespetan regularmente generando incomodidad que no conduce ni al buen estado de ánimo ni al relajamiento.

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Además, el libre tránsito también se ve interrumpido por la manifestación de cualquier grupo disconforme o por cualquier albañil con chaleco que decide quién debe detenerse y quién puede proseguir su camino.

Ideas, planes y proyectos para resolver el caos vial existen por docenas. Las que involucran el transporte público son las más prometedoras ya que los vehículos de transporte público son mucho más eficientes en la utilización de espacio vial por pasajero. Lamentablemente, la semana el Gobierno dejó claro que por ahora ahí no habrá cambios; la política tradicional le ganó nuevamente al interés de los trabajadores.

Dado que el transporte público no va a mejorar y que la infraestructura vial tampoco, EF publica en esta edición una guía para que las empresas ayuden a sus empleados a lidiar con el problema de las presas. Las recomendaciones son muy válidas y estamos seguros de que producirán beneficios a quienes las adopten. Sin embargo, la que ofrece un potencial impacto mayor es el teletrabajo, en la cual pareciera que el Gobierno sí está dispuesto a participar de manera activa.

El proyecto de masificar las conexiones de fibra óptica, promovido por el ministro Marcelo Jenkins –de Ciencia, Tecnología y Telecomunicaciones– tiene el potencial de facilitar que un gran número de trabajadores deje de viajar dos o tres días por semana; el impacto posible es muy grande y a muy corto plazo. Incluso sin esperar la aplicación de la recomendación de medir por objetivos con conexiones de fibra óptica, podrían mantenerse videoconferencias siempre abiertas con cientos de miles de trabajadores en todo el país. Esta tecnología, si se logra implementar sin que la señal salga del país, es sumamente barata y produce la sensación de “estar ahí”. Es un poco troglodita controlar a los empleados a través de tecnología (en lugar de hacerlo midiendo el trabajo realizado), pero funciona, y puede producir resultados a muy corto plazo.

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A diferencia de la infraestructura vial, el país ya cuenta con una gran infraestructura digital, la gran mayoría de la cual pertenece, de alguna manera, al Estado, es decir a todos los costarricenses. Lo que hace falta son las conexiones de acceso, que finalmente ya todos entendieron que deben ser también de fibra óptica y que al crecer tanto la cobertura, necesariamente deben decrecer los precios. El ministro Jenkins ha demostrado que existe la voluntad política para llevar esto adelante, esperemos que los detractores no sean tan poderosos como los autobuseros.

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