Reglamento legislativo


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Las reglas que norman el proceso legislativo son una de las causas de la poca agilidad legislativa. El sistema de elección de los diputados y la atomización de los partidos son causas concurrentes.

Por eso, es conveniente actuar sobre estas tres dimensiones simultáneamente para mejorar el trabajo legislativo.

Por el momento, se podrían adoptar algunas medidas de reingeniería reglamentaria:

1. No atascarse en una reforma total; un largo proyecto es blanco fácil para ataques y condena la viabilidad de las reformas. Lo importante son reformas de artículos clave.

2. Establecer plazos de votación más cortos tanto en comisiones como en el plenario.

3. Limitar el uso de la palabra en asuntos varios de una hora a un máximo de 15 minutos.

4. Disminuir el plazo para la presentación de mociones de fondo de cuatro sesiones a un máximo de dos.

5. Reducir el plazo para mociones de reiteración de tres sesiones a una.

6. Restringir el uso de la palabra en primer debate de 30 minutos a un máximo de 10.

7. Eliminar el mecanismo para ceder la palabra sin perjuicio de admitir interrupciones en forma de pregunta.

8. Fortalecer a los jefes de fracción en la elaboración de la agenda parlamentaria para mermar el peso del orden cronológico en la determinación del orden del día.

9. Normar con mayor detalle los espacios para el control político y establecer la interpelación quincenal al Ministro de la Presidencia.

10. Establecer nuevos mecanismos de vía rápida tanto para el Gobierno como para la oposición.

Estas propuestas tienen ventajas: son concretas, modifican pocos artículos, dan incentivos a las minorías, modifican estratégicamente los plazos y no entran en escabrosas discusiones que las harían inviables.

Con acuerdos políticos inteligentes se pueden lograr pronto acuerdos yendo más allá de la condena abstracta contra el actual reglamento.

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