Columna Enfoques: Regresa el oso

 La  estrategia rusa en Centroamérica no es positiva, como lo ha señalado  nuestro Canciller inquieto por los acuerdos de Rusia y Nicaragua.


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“El comercio  de Rusia con  América Latina alcanza solo $18.800 millones”.

Durante la Guerra Fría,  EE. UU. y la Unión Soviética compitieron en las periferias de sus  zonas de influencia, lo que   llevó a una activa presencia de la URSS en América Latina.

Cuba y Nicaragua fueron el mejor ejemplo de  esto ; sin embargo, la implosión del comunismo los llevó a  retirarse, traumados  por la  pérdida de los estados Bálticos, Europa del  Este y  estados en Asia Central.A inicios de siglo asistimos a un débil regreso , con visitas de los presidentes rusos. Empero, no será sino hasta los finales de la primera década del siglo que los herederos de Pedro El Grande  volverán  al  Hemisferio Occidental.Esta vez no se apoyarán en la ideología revolucionaria ni tienen  gran poder económico.El nacionalismo gran ruso no es una ideología revolucionaria, sino  una mezcla de autoritarismo con  moralismo  que  culmina en  rechazo del pluralismo polìtico, homofobia y encarcelamiento de roqueras.El comercio con América Latina   alcanza solo  $18.800 millones (2013), palideciendo frente a los $257.900 millones  de  China.La reinserción rusa  está relacionada con lo militar. Entre 2001 y 2013, Rusia vendió armas a América Latina por $14.500 millones. Las visitas de  barcos y bombarderos estratégicos también caracterizan el nuevo período.Las más reciente presencia  se origina en la  intención de crear fricciones  en el patio trasero de   EE. UU., como respuesta  a la presencia de estos en Georgia (2008) y Ucrania.La  estrategia rusa en Centroamérica no es positiva, como lo ha señalado  nuestro canciller inquieto por los acuerdos de Rusia y Nicaragua: “La compra de arsenales y programas militares generan incertidumbre (…) ante la posibilidad de contraponer intereses  geopolíticos estratégicos externos con  aspiraciones de desarrollo, prosperidad y paz”.El  entusiasmo de Moscú por la multipolaridad oculta ambiciones de gran potencia que subordinan nuestros intereses a sus proyectos de confrontación con Washington.

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