Editorial: Tecnología a la deriva


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R ecientemente el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Telecomunicaciones (Micitt) perdió a la ministra y al viceministro de Telecomunicaciones. La rectoría del sector de Telecomunicaciones ha recaído en seis ministros en menos de siete años, pero la rectoría del sector de Tecnología (al cual, sin duda, pertenecen la telecomunicaciones) tiene décadas de no ser ejercida.

En efecto, el Micitt tiene un viceministro de Telecomunicaciones y otro de Ciencia, pero no hay viceministro de Tecnología.

Desde la apertura del mercado de las telecomunicaciones, estas han crecido en importancia en la economía y competitividad del país, pero la rectoría del sector ha carecido de voluntad política y visión de mediano o largo plazo. Para muestra el botón de Fonatel, cinco años de contar con los recursos para implementar un cambio profundo y solo se ha (mal) invertido como un 15%. Se ha continuado favoreciendo la conectividad celular sobre la fija, lo cual obliga a velocidad de conexión muy bajas. Aún en la telefonía celular, la rectoría ha sido incapaz de ejercer un liderazgo efectivo ante las municipalidades. En los escalafones mundiales de conectividad, seguimos totalmente rezagados sin ninguna excusa posible, excepto que queramos aceptar como excusa la falta de entendimiento.

El primer Plan Nacional del Desarrollo de las Telecomunicaciones (PNDT) planteó metas tan tímidas que no tuvo ningún efecto en el desarrollo de las telecomunicaciones en el país.

Pero si la rectoría de las telecomunicaciones ha sido escasa, la rectoría de las TIC ha sido inexistente. La incapacidad del Micitt de hacer valer la superioridad técnica de MerLink sobre CompraRed, el desentendimiento del desarrollo perpetuo del expediente digital de salud (sin estándares que permitan compartir información) y la pasividad ante los cinco años de interrupción del proyecto de Tributación Digital, demuestran que el sector de tecnología carece totalmente de rectoría, a pesar de que dicha rectoría le corresponde por ley a dicho ministerio.

Los nuevos jerarcas del Micitt tienen una tarea y una responsabilidad poco envidiables: deben traer visión y entendimiento del rol que pueden (y deben) desempeñar las TIC en el desarrollo del país y, además, ser capaces de contagiar al resto del gabinete de esa visión. La tecnología, bien aplicada, es la llave de la competitividad, ya que puede aumentar notablemente la transparencia (implementar la casa de cristal del Presidente) y la productividad.

Costa Rica tiene la gente y el conocimiento necesarios para dar el salto de calidad de vida que nos merecemos. Por ejemplo, si este gobierno quiere ayudar al agro, la tecnología es muchas veces más efectiva que los subsidios y los aranceles. Hace pocos años solo las grandes corporaciones agrícolas podían aprovechar dichos sistemas basados en sensores y bases de datos, hoy están disponibles para cualquier agricultor.

Para lograr que la rectoría del sector de tecnología sea una realidad, es necesario que el Gobierno y el país entiendan la magnitud de la diferencia que la tecnología puede y debe hacer en nuestro futuro. Conforme avanza la tecnología, cada vez a mayor velocidad, el tiempo perdido se vuelve más oneroso. No podemos darnos el lujo de perder años como si fueran jocotes.

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