Editorial Apertura: avances y tareas


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A l cumplirse cinco años de la promulgación de la Ley General de Telecomunicaciones , tenemos un sector de telecomunicaciones muy dinámico que representa un porcentaje importante del PIB. Además, tenemos más costarricenses mejor conectados. La conectividad mejora la calidad de vida y la productividad.

En el primero de los cinco años se crearon las instituciones del sector. En el segundo se abrió el mercado de Internet y el tercer año se abrió el mercado de telefonía móvil.

La diferencia más notoria es en el mercado de la comunicaciones móviles. La telefonía celular ha crecido al punto que hoy tenemos 3,11 teléfonos celulares por cada ciudadano económicamente activo. Para llegar a este nivel de penetración, la calidad del servicio tuvo que aumentar considerablemente, sobre todo la cobertura de las redes y la probabilidad de que una llamada termine normalmente y no cuando se corta de manera abrupta.

En materia de tarifas, las de telefonía móvil son mucho más oscuras que antes; la mayoría están escondidas dentro de “paquetes” que incluyen mensajes, el dispositivo e incluso Internet. Pero lo cierto es que, en celulares, las tarifas todavía son suficientemente bajas para que prevalezca una psicología de abundancia, la cual provoca un uso indiscriminado, solo desalentado por la baja velocidad de Internet o fallas en cobertura. Existe la creencia de que la “modernización” de las tarifas de celulares se refiere en realidad a mayores tarifas, las cuales podrían llegar a crear, otra vez, la psicología de la escasez, que provocaría un uso muy racionalizado, el cual a su vez mataría la creatividad y la innovación basada en conectividad.

En Internet, tenemos ya cuatro años de contar con un mercado en competencia. En este mercado ha aumentado bastante la cantidad de usuarios, el operador dominante (Racsa) casi desaparece, mientras las tarifas (por megabit por segundo) se han mantenido y los niveles de sobresuscripción, sospechamos, han aumentado. O sea, hay más usuarios utilizando un servicio caro, pero lento. Entendemos que la atención de las instituciones y de los operadores se ha centrado en el mercado de telefonía móvil, por ser este más inmediato y representar un monto más elevado. Pero pretender que el futuro de las telecomunicaciones no es Internet, es querer tapar el sol con un dedo.

La demanda de los usuarios por Internet es tan obvia, que se han movido en masa a Internet móvil, a pesar de su mayor precio y menor velocidad. Es muy probable que los usuarios lo que requieren es Internet en todas partes, que no es lo mismo que Internet móvil, pero la necesidad los mueve a adquirir lo que haya, no lo que requieren.

Sin duda, la apertura de las telecomunicaciones ha sido muy provechosa para el país. Estamos mucho mejor que hace cinco años. Pero hay dos áreas muy importantes en las que nos están debiendo. Primera, no se ha creado un mercado de Internet de mayoristas, que permita separar al dueño de las redes fijas de los clientes, promoviendo así suficiente competencia para que bajen las tarifas y aumenten las velocidades.

Segunda, no han querido ponerse de acuerdo en qué invertir los dineros de Fonatel; a pesar de que se han propuesto proyectos de infraestructura que cerrarían la brecha digital, se ha preferido crear fideicomisos, elaborar pilotos y otras cosas que hacen los burócratas para alargar el camino, sin importar el impacto negativo causado.

Sostenbilidad y financiamiento