Editorial: Desafíos turísticos


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E l mercado local ha sido desde hace años objeto de atención por parte de la industria nacional de turismo. El segmento de turismo local es importante porque es parte fundamental de la productividad global que alcanza esta industria.

La función de productividad de la industria turística –entiéndase la intensidad de uso remunerado de cada una de sus instalaciones fijas– depende en buena parte de lograr que durante la temporada baja del turismo foráneo los nacionales hagan uso de las instalaciones. Una instalación turística que solo opere en temporada alta tendrá muchos meses de bajísima productividad, obligando a incurrir en costos de operación y mantenimiento sin que medien ingresos, lo que lleva al despido de empleados. Sin embargo, pese a su importancia y a los esfuerzos realizados para atraer al turismo nacional, este parece estancado y hasta en retroceso.

El porcentaje total de costarricenses que vacacionan localmente no crece y de hecho hay un ligero retroceso. Más importante aún, entre los que sí vacacionan, hay un grupo creciente que dice no ir a hoteles porque el dinero no les alcanza, por su alto costo y porque “prefieren” hospedarse en casas de familiares o amigos; pese a que cuando se profundiza un poco queda claro que sí les gustaría ir a un hotel con piscina e instalaciones de atención.

Una parte de lo que explica esta situación es que el turismo costarricense, pese a sus múltiples ofertas, es un turismo “diferenciado” y de cada vez mayor costo unitario. Los turistas internacionales que vienen al país son cada vez más sofisticados y exigentes, proceden de regiones ricas, por lo que el producto turístico se ha encarecido para responder a sus expectativas y necesidades.

El mercado no está hecho para servir al turista local de clase media. La clase media costarricense se ha quedado atrás de lo que ofrece su mercado turístico y la clase alta, la que sí puede pagar, muchas veces prefiere salir a vacacionar fuera del país.

Revertir esta situación no es fácil. Se pueden hacer campañas para tratar de retener un mayor porcentaje de nuestros turistas internacionales en el país y seguir promoviendo con descuentos y paquetes el uso productivo de las instalaciones, pero el hecho es que de los tres periodos de vacaciones preferidos –fin de año, Semana Santa y medio año– solo este último ocurre en temporada baja, cuando lo precios son más accesibles para los nacionales.

Esto quiere decir que el turismo nacional tenderá a un mayor estancamiento, todavía más si la inversión en instalaciones para un turismo más sofisticado vuelve a crecer conforme el mundo se recupera de la crisis. A esto hay que sumarle la oferta creciente y a precios accesibles en competidores directos por el turismo como Nicaragua, Panamá, República Dominicana y México, donde los costarricenses, con una moneda relativamente fuerte, pueden vacacionar a costos competitivos.

El turismo de temporada baja siempre ha sido una parte de la realidad de la industria. La solución no es sencilla, pero se corre el riesgo de llegar demasiado temprano en nuestro desarrollo turístico al límite de lo que el sector puede ofrecer a la economía nacional.

Esta industria, en alianza con el sector académico y las autoridades, deben enfrentar juntos el análisis necesario y plantear sus soluciones, antes de que la competencia por el turista y por las inversiones se desvíen a otras naciones que están donde Costa Rica se encontraba hace 20 años.

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