EDITORIAL

Peleando contra el futuro


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En esta edición de EF encontramos un análisis del enfrentamiento del Gobierno con la multinacional Uber. Por suerte para los usuarios, el Ejecutivo no parece tener muchas posibilidades de eliminar la operación de Uber en el país. Esta empresa dice tener medio millón de usuarios en Costa Rica y 16.000 choferes afiliados.

Es obvio que el éxito de Uber, Lyft, Didi y otros que funcionan con aplicaciones móviles, se debe a la experiencia del usuario. En San Francisco, California, donde esta firma comenzó a operar hace 6 años, ella y Lyft le han quitado más del 50% del mercado a los taxis, pero el mercado ha crecido casi un 400%, hay mucha gente que nunca consideraría utilizar un taxi, que utiliza estos servicios (por ejemplo, los jóvenes).

La tecnología no solo permitió crear un mejor servicio de taxi, sino también ha impulsado una enorme innovación de servicios similares, como la posibilidad de que un grupo de amigos compartan el vehículo y cada uno pague su parte, u oír durante el viaje la música del cliente (de un servicio en la nube).

La calidad del servicio es muy superior. Primero, no hay que dar la dirección “a la tica” por teléfono. Segundo, tanto el chofer como el pasajero saben que serán evaluados al terminar el viaje. Tercero, el sistema deja un rastro perfecto del viaje en caso de que sea un gasto del negocio (por ejemplo vendedores visitando clientes). Cuarto, el sistema registra de manera precisa los ingresos de Uber y de los choferes.

El transporte público debe ser regulado y la competencia debe ser leal. Todos deben pagar impuestos y seguros por igual. Los taxis no pagan impuestos de importación del vehículo y nadie puede verificar sus ingresos ya que operan mayoritariamente con dinero en efectivo. Los choferes de servicios como Uber dicen estar cubiertos por los seguros y declarar sus ingresos, pero el Gobierno no tiene cómo verificarlo.

En dos años que tiene de operar esta compañía en el país, el Gobierno, en lugar de buscar la forma de regularla (verificando así seguros e ingresos) se ha dedicado, más bien, a llamarla ilegal y tratar de sacarla del mercado, sin considerar los beneficios para los usuarios e incluso para el fisco del modelo de transporte que será sin duda el del futuro.

No creemos que sea coincidencia que la modernización que se intentó en los autobuses (pago electrónico) haya fracasado, ya que denota la misma actitud del ludismo (movimiento encabezado por artesanos ingleses en el siglo XIX, que protestaron entre los años 1811 y 1816 contra las nuevas máquinas que destruían el empleo) de luchar contra el futuro. La lucha contra Uber pareciera entonces ser más que la defensa de los privilegios de los taxistas; es la defensa de la opacidad que se logra evitando las nuevas tecnologías.

Por suerte, como lo indica el reportaje que publicamos esta semana, los candidatos presidenciales están a favor del futuro, aunque el Gobierno actual nos recuerda que no es lo mismo verla venir... La mayoría de los aspirantes a la Presidencia abogan por la regulación, pero si hay algo sencillo de lograr en este país es el atraso.

Tal vez la mejor manera de enfrentar la disrupción que trae Uber al país nos la enseñaron los chinos. Uber llegó a Pekín antes que a Costa Rica e infligió un severo golpe a las empresas de taxis, las cuales, en lugar de ponerse a llorar, protestar y exigir protección estatal, se unieron, buscaron inversionistas y construyeron su propia aplicación (Didi).

Con una aplicación local diseñada y construida con talento propio, más cercana a la idiosincrasia de esa nación, lograron enfrascarse en un nivel de competencia tal que llevó a Uber a vender su operación en China a los competidores chinos. Todos salieron ganando, los usuarios primero que todos, pero también los taxistas y, presumiblemente el fisco. Uber tampoco se fue con las manos vacías. Es probable que China sea el primer país del mundo en que el modelo tradicional de taxis desaparezca y genere un enorme beneficio al país.

Pero el futuro del transporte basado en aplicaciones móviles apenas se está empezando a dibujar.

Uber, Lyft y Didi, en consorcio con grandes empresas automovilísticas, o por su cuenta, están invirtiendo fuertemente en el desarrollo de vehículos autónomos. Uber, por ejemplo, desarticuló totalmente el departamento de investigación en inteligencia artificial de la Universidad de Cranegie Mellon, contrató a todos los investigadores del departamento. Lyft, por su parte, llegó a un acuerdo con Waymo, la empresa de Google dedicada a desarrollar el vehículo sin chofer.

El transporte en general y el transporte público en particular están sufriendo una severa disrupción, para beneficio de los usuarios, y de los innovadores.  

Es contradictorio que el Gobierno se ufane de ser reconocido como el segundo país más innovador de América Latina ( http://gobierno.cr/costa-rica-se-ubica-como-el-segundo-pais-mas-innovador-de-latinoamerica/ ), al tiempo que dedica tiempo y esfuerzo a pelear contra el futuro del transporte público.

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