OPINIÓN

Editorial: 2016 un año mediocre


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El profesor del Incae, exministro de Hacienda y expresidente del Banco Central, Francisco de Paula Gutiérrez explica que la buena conducción de la economía pasa por cuatro etapas: primera, establecer una visión compartida del país que se aspira ser.

Segunda, enviar señales consistentes con la visión por medio de políticas económicas, asignaciones presupuestarias, decisiones de inversión y mensajes directos a los inversionistas, empresarios, consumidores y funcionarios de gobierno.

Tercera, se debe ampliar la base de recursos, mediante atracción de inversiones, crecimiento de los ingresos fiscales por expansión de la economía, expansión del empleo y el consumo.

Finalmente, lograr la mayor eficiencia posible de todos los actores económicos, que, al tener claro todo lo anterior, se enfocan en su propia expansión y productividad.

El 2016 ha sido de búsqueda constante de la estabilidad.

Ha existido un estricto control de la inflación, se ha luchado por mantener la estabilidad cambiaria, se han logrado pequeños avances en el combate a la pobreza y el sector de atracción de inversiones se ha mantenido pujante en la creación de empleos en el área de servicios, lo que sin embargo implica menos inversión per cápita.

Nuestra economía no termina de despegar y el 2017 corre el riesgo de ser más de lo mismo, más de lo que Eduardo Lizano llama "nadadito de perro" para ilustrar que el país sí avanza, pero a un ritmo muy inferior al posible. Excesivos costos de operación y trámites, infraestructura desfasada con el nivel de desarrollo, mano de obra que empieza a escasear, hacen que el tipo de cambio se torne en factor determinante de la competitividad nacional.

No hay una visión clara del país que aspiramos ser por parte del Gobierno y mucho menos una que sea compartida por las grandes mayorías. Dentro del equipo de gobierno unos hablan de un gobierno "estatista", alineado con los sindicatos del sector público, al tiempo que empresarios y ciudadanos claman por un estado de tamaño moderado y de una burocracia eficiente. El déficit fiscal muestra claramente este conflicto: mientras unos simplemente claman por una carga tributaria más grande, otros insisten en la reducción del gasto. Ante la inserción del país en el comercio internacional, unos insisten en que debemos ingresar en la Alianza del Pacífico y otros se resisten y más bien quisieran revisar el TLC con Estados Unidos.

El escenario se complica aún más ante el triunfo republicano en Estados Unidos, la desaceleración de China, el creciente conflicto migratorio y de seguridad en Europa, lo que hace aún más importante mejorar las condiciones de productividad y progreso social del país, independientemente de lo que ocurra a nivel internacional.

Al no existir una visión compartida de lo que quiere alcanzar, los actores económicos no responden con la confianza, entusiasmo y consistencia que es posible. La economía crece, pero de manera lenta y sufrida.

Hay una gran oportunidad en el próximo año del Gobierno, dado que el Presidente ha dicho con toda claridad que nunca volverá a aspirar al máximo cargo y el partido que lo llevó al poder no se siente representado por él. Los partidos políticos deben entender que, al que sea electo en febrero de 2018, le conviene que mejoren temas estructurales de nuestra economía, antes de tomar el poder.

Si en este último año de gobierno se resuelve el dilema fiscal, se levanta la productividad agregada, se enfatiza la sostenibilidad y se mejora el proceso de toma de decisiones en el Congreso, se podría empezar a impulsar una visión compartida de la nación que podemos y debemos ser para el bicentenario de nuestra Independencia.ha

El 2015 y el 2016 fueron años mediocres en el desempeño del país. Sería maravilloso un 2017 utilizado como el año de la transición hacia la Costa Rica del futuro.

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