Por:  8 mayo, 2016
En las universidades públicas, en épocas de bonanza sus presupuestos deberían crecer. En épocas de vacas flacas también deberían aumentar, o como mínimo mantenerse. Nunca decrecer.
En las universidades públicas, en épocas de bonanza sus presupuestos deberían crecer. En épocas de vacas flacas también deberían aumentar, o como mínimo mantenerse. Nunca decrecer.

Pronto iniciará la negociación del próximo presupuesto del fondo especial para la educación superior (FEES). En este contexto, como premisa básica, se debería establecer que todo recurso público destinado a fortalecer la educación superior es ciertamente una buena inversión.

En segundo lugar, las universidades públicas constituyen entidades fundamentales para el desarrollo del país, las cuales no están ajenas, sino plenamente inmersas en la realidad nacional. Así, en épocas de bonanza sus presupuestos deberían crecer. En épocas de vacas flacas también deberían aumentar, o como mínimo mantenerse. Nunca decrecer.

Como tercer punto, es deseable que la contribución del Estado, que en realidad es de los costarricenses, sea complementada con recursos adicionales generados por las propias universidades. Es importante que esos recursos extra sean utilizados exclusivamente para el cumplimiento de su misión. Para ninguna otra cosa.

De este modo, es el momento de preguntar: ¿cuánto más se está generado por cada colón otorgado?

Estrategias

Sin ánimo de polemizar, más bien se proponen a continuación algunas estrategias no tradicionales que las universidades podrían utilizar para generar ingresos.

Crowdfunding. También conocido como financiación colectiva. Consiste en solicitar pequeñas sumas de dinero a una gran cantidad de personas. A través de plataformas de Internet, los académicos y emprendedores exponen proyectos de prácticamente cualquier naturaleza y tratan de hacer la mayor divulgación posible utilizando las redes sociales.

Este método ha probado ser una herramienta alternativa a la clásica solicitud ante fondos estatales con montos y agendas definidas. En páginas como kickstarter.com o experiment.com las iniciativas han logrado recaudar de $10.000 a $30.000 en pocos días. A cambio, los donantes reciben regalos simbólicos, menciones en las obras y visitas a la universidad o laboratorio. Otra ventaja es que permite fomentar la conexión directa entre el quehacer universitario y la sociedad.

Oficinas de recaudación de fondos. Las oficinas de cooperación internacional deberían reestructurarse. El modelo tradicional donante-receptor ya no existe. Sin embargo, aún hay disponibles abundantes fuentes de recursos externos que se podrían acceder bajo el modelo de socio-socio, incluyendo fundaciones privadas, agencias estatales y fondos multilaterales.

Sería estratégico para las universidades establecer oficinas especializadas, tanto localmente como en el extranjero, con la función de identificar rápidamente esas fuentes, realizar el trabajo de cabildeo con los posibles socios, elaborar las propuestas de acuerdo con las especificaciones de las agencias y colaborar en la gestión respectiva de los recursos.

Certificaciones virtuales. La educación virtual se está volviendo tan importante como la educación presencial. Además, los empleadores cada vez están siendo más receptivos a los individuos con este tipo de formación. Una fuente adicional de recursos para las universidades es la oferta de cursos y programas de especialización por Internet. Quienes completen todos los requisitos, además de pagar un costo simbólico, obtienen un certificado de la universidad. Plataformas internacionales como Coursera o Udacity han comprobado el éxito para proveer educación a un inmenso público, generando utilidades a la vez.

Agencias de venta de servicios. Las universidades cuentan con destacados profesionales en varias áreas, laboratorios y equipamiento que les permiten, además de llevar a cabo sus actividades de docencia e investigación, vender servicios al sector público y privado. Es algo que ya se hace, aunque generalmente de una manera pasiva. Sería deseable que las universidades contaran con agencias especializadas que fueran más proactivas, por ejemplo, en la participación de licitaciones públicas nacionales y también en la región centroamericana.

Otras iniciativas que las universidades podrían estar gestionando para atraer recursos incluyen la creación de cátedras temáticas financiadas por instituciones o empresas líderes en esos temas; la búsqueda de filántropos que financien becas o la construcción de bibliotecas, aulas, laboratorios, centros de investigación; la creación de programas específicos para atraer estudiantes internacionales; y la asociación con empresas, cámaras empresariales o universidades privadas para crear programas ad hoc de formación, investigación o venta de servicios.

Para finalizar: ¿cuánto de esto se pudo haber hecho y no se hizo? Llegó el momento de responder por los recursos encomendados y medir su impacto. Al buen administrador se le debería confiar más, al malo se le deberían ajustar las cuentas.