EMBRIAGUEZ DEL PENSAMIENTO

Un campeonato criminal


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¿Qué lamentar, en Brasil 2014? Muchas cosas. El evento representó una inmensa aberración cultural e histórica. Nosotros, costarricenses, recordamos la efeméride como un delirio de cascabeles, un éxtasis futbolero multitudinario que se prolongó durante casi un mes. En el orden social del país anfitrión, la justa constituyó un despropósito y generó fricciones, manifestaciones populares, motivadas por el gigantismo económico, infraestructural y mercadotécnico del torneo, por completo inconcebible en una nación afecta por los índices de miseria de Brasil.

Siete obreros murieron en el frenético accellerando final que la falta de previsión provocó, durante la construcción de varios estadios. A ritmo de tambor, como los esclavos en las galeras romanas de la Antigüedad, o los mineros ingleses de la temprana Revolución Industrial, trabajando día y noche, y desatendiendo las normas mínimas de seguridad laboral, siete hombres perdieron la vida para que el mundo pudiese disfrutar su kermesse futbolística cuatrienal.

Nadie recuerda sus nombres, no se les rindió homenaje alguno... fueron barridos bajo la alfombra, a fin de no empañar el ambiente festivo propio del evento. Monstruoso, inaceptable, violatorio de los derechos humanos. Un verdadero crimen de lesa humanidad.

Oportunistas como Romario, ahora ungido diputado, alzaron su voz en contra de la localía de Brasil para el torneo. Hablando, como siempre, más rápido de lo que la función de la sinapsis neuronal se lo permite, el ex-astro de 1994 se limitó a repetir lo que de manera seria, comprometida y bien reflexionada, habían formulado muchos pensadores esos sí, merecedores de atención. Me gustaría saber si su oposición hubiera sido tan militante, de haber él participado en el campeonato en calidad de jugador. El Romario de 1994 -aun buscando cimentar su gloria mundialista, si bien ya reconocido como pichichi con el Barcelona- no hubiera movido un dedo por boicotear el evento. Hoy en día se permite hacerlo... ¡Cuán conmovedor, su oportuno acceso de sensibilidad social!

Por lo demás, el hecho es que jamás en la historia de los campeonatos mundiales, la organización perentoria y mal planificada del evento había costado la vida de siete trabajadores: techos que se desplomaban, muros que colapsaban, obreros que se caían desde alturas inusitadas, sin forma alguna de protección... En materia de seguridad laboral, el Mundial Brasil 2014 nos retrotrajo a los primeros años de la Revolución Industrial. Cada estadio debería llevar el nombre de alguna de las víctimas que perecieron en su construcción. Quienes concurrieron a los partidos, quienes jugaron en las gramillas, quienes alzaron trofeos, celebraron goles y lloraron derrotas, deben saber que lo hicieron sobre los cadáveres de siete hombres cuyos nombres fueron mantenidos en discreto anonimato. Un pretium doloris demasiado alto, para cualquier evento deportivo, por universal y prestigioso que sea. La FIFA exigió más de la cuenta a un país que no supo gestionar el torneo con la antelación necesaria, y forzó el ritmo, en angustioso sprint final, ocasionando "bajas de guerra" que no recibieron, ni remotamente, la cobertura mediática que merecían.

Por otra parte, la FIFA retorció la constitución del país anfitrión para que se permitiera e incentivara el consumo de cerveza en los estadios, al amparo de la llamada "Ley Budweiser". La venta de alcohol en los recintos deportivos brasileños estaba rigurosamente prohibida desde 2003. Sucede, empero, que Budweiser es uno de los principales sponsors de la FIFA, y quería ahogar a la afición en un océano de fermento de malta. Los intereses comerciales de una organización privada -una abyecta fábrica de guaro- prevalecieron sobre un parlamento. De conformidad con el tono autocrático y cesaropapal que la caracteriza, la FIFA, dejó clara su posición con estas declaraciones públicas de Jerome Valcke, a la sazón secretario general: "Las bebidas alcohólicas son parte de la Copa del Mundo de la FIFA, así que las tendremos. Disculpen que parezca un poco arrogante, pero es algo que no vamos a negociar". Bueno, siquiera admitió la posibilidad de que en su respuesta alguien pudiese percibir una molécula de arrogancia, y pidió disculpas, el señor Valcke: ¡cuánta caballerosidad!

Fue así como el Congreso de Brasil aprobó en marzo de 2012 la ley que permite volver a vender cerveza en los estadios. La Presidenta ratificó esa legislación tres meses después, contra la voluntad de su propio Ministro de Sanidad. Según Bloomberg News, en un cónclave celebrado en Brasilia, ejecutivos de Budweiser y Coca-cola persuadieron además al gobierno brasileño de aplazar el aumento de los impuestos en bebidas (que ya había sido anunciado) hasta después del Mundial. Las asociaciones médicas brasileñas protestaron en vano durante meses contra la pleitesía mostrada por el gobierno ante la FIFA: "nos preocupa que se perpetúe en los niños esa relación automática entre fútbol y alcohol" -clamaron-. Nada se pudo hacer al respecto.

La FIFA es plenipotenciaria: de ser representada teatralmente, asumiría los rasgos y comportamiento de Clara Zachanassian, la omnímoda multimillonaria en La visita de la vieja dama, de Dürrenmatt. Luego pienso: ¿no fui yo, por el mero hecho de haberle dado seguimiento al torneo, cómplice pasivo de toda esta porquería? Y francamente, amigos, amigas, siento que me pesa el alma.

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NOTA: Jacques Sagot, pianista y escritor. Reconocido por su talento artístico a nivel nacional e internacional.

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