Respuesta al editorial anterior. El dilema del Presidente.Edición 976

Por:  21 junio, 2014

El editorial hace referencia a la complejidad en la toma de decisiones del Presidente, sobre las demandas de grupos sindicales y empresariales, cuya balanza sugiere asumir costos y riesgos, que de complacer a un lado u otro, le acarrearía costos elevados.

El enfoque, si se toma por cierto, conduce a un callejón sin salida: si el mandatario apoya al sector sindical, el empresariado reaccionaría quitándole apoyo. Y si se decidiera por este último se perdería al sector sindical, lo que conllevaría reacciones sociales. En cualquiera de ambas decisiones, el Gobierno estaría ante un esquema perder-perder.

Me distancio de un enfoque que no comparto. Reducir el complejo panorama político-social del país, y la dinámica coyuntura actual a dos actores, no permite ver la riqueza de la situación y las oportunidades que nos brinda.

Las buenas relaciones con sindicatos y/o grupos empresariales no tienen por qué ser el marco de referencia sobre la inclinación de la balanza, todo lo contrario, debe enfocarse en crear sinergias para un gobierno funcional y democrático.

La supuesta fragilidad del caudal electoral no llama a engaño, más bien un claro mandato de un pueblo cansado de la política tradicional, favorecedora hacia grandes grupos, desgastada y sin resultados.

Negociar no tiene por qué asustar, permite construir por primera vez en años, consensos que garanticen decisiones claras, eficaces y responsables sobre lo que se requiere.

El instrumento es el diálogo. Más que dilemas, tenemos desafíos: avanzar en infraestructura, fortalecer al empresariado nacional y disminuir la pobreza. No alimentemos diferencias, sino trabajemos juntos con objetivos comunes.

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