Un legado modesto. Edición 965

Por:  5 abril, 2014

El desempeño de un país no puede descontextualizarse. Nuestro Gobierno inició en medio de una de la más graves crisis económicas y financieras internacionales, por lo que, el hecho de que las condiciones de estabilidad macroeconómica y financiera internas se preservaron pese a las adversas condiciones mundiales y que el crecimiento haya rondado los niveles históricos de nuestro país, hacen que el desempeño de los últimos cuatro años sea satisfactorio.

Se aprobaron tres importantes reformas para mejorar la recaudación, la transparencia y la gestión de la deuda, pero pese a los esfuerzos y al capital político empeñado en impulsar el proyecto de Ley de Solidaridad Tributaria, fue rechazado por la Sala IV. A pesar de este resultado, contuvimos el gasto público –sin sacrificar la inversión, la seguridad y los programas sociales–, incluso en las remuneraciones.

En infraestructura, conscientes de que mayor inversión impulsa el crecimiento, planteamos una ambiciosa agenda de inversión. Los proyectos que nos propusimos llevar a cabo están en construcción o se han licitado y adjudicado e iniciarán en los próximos meses. Las demoras han sido producto de la falta de planificación de décadas y de los procesos administrativos engorrosos a seguir.

Con respecto a pobreza y desempleo, hubo cambios metodológicos que impiden comparar los datos a partir de 2010. Además, después de la fuerte contracción del producto en 2009, lograr una reducción de 21,3% a 20,7% desde 2010 a 2013 en el porcentaje de hogares pobres es más bien un resultado positivo y la Encuesta Continua de Empleo evidencia una clara tendencia a la reducción del desempleo en los últimos trimestres.

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