Por: Constantino Urcuyo 16 abril, 2016
“Ni corrupto ni ladrón”
“Ni corrupto ni ladrón”

Como politólogo soy un observador atento de la actividad mediática porque su influencia sobre la formación de la opinión política es abrumadora.

Sigo con sumo cuidado los telenoticieros por cuanto todas las encuestas señalan que este es el primer medio al que suelen acudir los ciudadanos para informarse.

Atendiendo la dinámica de los telediarios, cada día me asombra más su énfasis en la nota roja, particularmente en los allanamientos y decomisos por narcotráfico.

En inglés cuando se habla de noticias, se usa la palabra ”news” , o sea, lo nuevo, lo inédito. ¿Qué hay de nuevo, de noticia, en la repetición de allanamientos e informaciones sobre esa materia?

Está claro que es un problema serio que requiere de la acción represiva de las autoridades; sin embargo, a fuerza de tanta insistencia en el tema, ¿no se corre el riesgo de restarle importancia e inscribirlo en la rutina?

Igual situación ocurre con los hechos de sangre. La insistencia excesiva en informar sobre ellos, ¿no contribuye a su banalización?

Con la obsesión por lo negativo, ¿no se invisibiliza lo positivo? Tenemos logros en ciencia, tecnología, producción, que no sobresalen, opacados por la compulsividad necrológica con la violencia.

La negatividad informativa repercute sobre la legitimidad del sistema político, acrecienta el pesimismo e impide la construcción de ciudadanía.

La rendición de cuentas, la lucha contra la delincuencia y la corrupción son necesarias, pero no son los únicos problemas nacionales.

Los problemas macroeconómicos, productividad, infraestructura, educación, ecología deberían ocupar espacios importantes en la agenda informativa; las políticas públicas relacionadas con estos temas también son noticia.

Reducir las informaciones a la sangre y lo negativo impide ver otros temas y también siembra miedo, escepticismo y rechazo a las instituciones que, si bien tienen fallas, pueden ser mejoradas por la vía de la crítica constructiva.