Columna Enfoques: Victoria sin guerra


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Johnny Araya siguió el consejo del general chino, la mejor victoria es aquella que se gana sin ir a la guerra. El palmareño maniató a su rival y lo obligó a retirarse sin disparar un solo tiro.

Las encuestas consumaron el deceso del exministro de la Presidencia, quien no logró mostrar su diferencia con respecto a su hermano ni articular una narrativa propia para convencer a las bases liberacionistas.

Rodrigo Arias feneció como consecuencia de su precipitada candidatura y del rechazo que los hermanos heredianos han generado en un pueblo que no acepta la concentración de poder.

Sin embargo, ahora Araya debe definirse, más allá de su identidad de alcalde josefino. Una cosa es la ciudad y otra el país. Deberá exponer su proyecto y explicar su concepto de renovación, conciliándolo con sus 20 años en la alcaldía y una fallida precandidatura presidencial. ¿Un miembro destacado de la clase política puede presentarse como diferente de lo establecido?

¿Qué significa socialdemocracia con vocación social a inicios del siglo XXI? ¿Qué programas sociales desarrollará para concretizar esos ideales? ¿Pagará Araya algún precio por su cercana relación con doña Laura? ¿Rima renovación con continuismo?

La negociación con las otras corrientes liberacionistas es uno de sus imperativos, particularmente sus relaciones con el arismo. Armar el partido es condición para una campaña exitosa.

La alegría de los opositores por la derrota de los Arias puede ser un bumerán.

¿Tienen los argumentos para enfrentar a un adversario nada sospechoso de diabólico arismo? ¿No será Araya más difícil de vencer? ¿Podrán las oposiciones diversas encontrar alguna fuerza y personalidad que las aglutine más allá de la oposición pura y dura al PLN?

¿Hacia cuáles fuerzas opositoras se dirige su llamado a ir más allá del liberacionismo? ¿Aceptará este convivir con fuereños? ¿A cambio de qué se integrarían quienes vienen de otras familias políticas?

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