Por: Constantino Urcuyo 11 octubre, 2015

Recientemente se dio un acuerdo entre el Gobierno de la República y “los sectores pesqueros de Costa Rica” –me encantaría conocer quiénes son esos “sectores pesqueros”– que, entre otras cosas, le declara la guerra a las especies de tiburón que forman parte de nuestra fauna marina.

El acuerdo dice: “… el gobierno negociará con los transportistas internacionales la reactivación del transporte de subproductos de tiburón …”.

Subproductos de tiburón significa aletas, exportadas a “precios de cuerno de rinoceronte” para sopas en el Lejano Oriente. Es decir, las empresas de logística internacional, en apoyo a la conservación, deciden no transportar aletas y el Gobierno de Costa Rica –que tiene un viceministerio del mar– les pide que lo vuelvan a hacer...

No terminan ahí los acuerdos. En otro párrafo dice: “el Gobierno de Costa Rica se compromete a no proponer, ni apoyar la inclusión de especies de tiburón con interés comercial en la convención del CITES o CMS”.

Se compromete a que prevalezca el interés comercial sobre el criterio técnico y científico para decidir cuándo solicitar una inclusión en la lista de especies amenazadas. Y lo hace cuando hace solo unos meses nuestro país lideró la inclusión del tiburón martillo en estas listas…

El acuerdo con los pescadores, según oficio DM-1556-2015, firmado por el ministro de la Presidencia, se da como resultado de “las negociaciones con el sector pesquero derivadas de las manifestaciones de este sector el pasado 1° de setiembre del año en curso”.

Y hace poco se revisaron las metas sobre carbono-neutralidad y los planes para alcanzarla. La meta original se pospuso por más de 50 años…, pero ese es otro tema.

Quedamos notificados. El criterio de decisión en temas de ambiente es el interés comercial; el mecanismo de decisión y negociación es manifestarse, y la oveja de sacrificio es nuestro ambiente y, con él, nuestra credibilidad y posicionamiento como nación.