Columna Contrapunto: Esos jóvenes emprendedores

Opinión sobre el editorial anterior. Juventud, ¿divino tesoro?. Edición 896.

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El concepto de la bombilla que se enciende en la cabeza es un mito.

Las buenas ideas de negocio primero se separan de las ocurrencias por diferentes caminos, pero todos llevan componentes comunes.

La tenacidad en sostener vivo un concepto e irlo puliendo a través de la reflexión, el pensamiento estructurado y con formas generalmente escritas –la escritura los obliga a ordenar las ideas–, el pensamiento recurrente los hace ir reforzando o descartando componentes en cada interacción.

El origen de un concepto puede venir de un problema común que se enfrenta de manera distinta, de un proyecto universitario, de una conocimiento empírico que se adquiere y se combina con una oportunidad vivencial, de un descubrimiento casual o inducido o mejoras a un proceso.

Básicamente no hay receta. El problema fundamental es que una buena idea no es necesariamente un buen negocio, otros obstáculos como establecer la necesidad que lo llevará al mercado, el financiamiento y la importante decisión de hacer un gran sacrificio personal.

Mi experiencia me dice que estas personas se caracterizan por ser muy decididas, testarudas, celosos de su idea , tenaces y no se rinden fácilmente, si a esto se agrega capacidad analítica, buena autoestima y un talento para ver las cosas diferentes y creérsela.

En mi definición los categorizó con base en la sofisticación de su solución. Están los visionarios y talentosos, los pulseadores, los entrenados y finalmente están los consistentes o coherentes. Son gente que ven el mundo diferente y creo que oyen y ven cosas que otros no vemos ni oímos, hasta que ellos ponen todo junto y lo logran comunicar.

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