14 febrero, 2015
En el Reporte de Competitividad del World Economic Forum 2014-2015, Costa Rica aparece en la posición 51 en la calificación general –entre 144 naciones–, pero figura en el sitio 73 en la clasificación de infraestructura.
En el Reporte de Competitividad del World Economic Forum 2014-2015, Costa Rica aparece en la posición 51 en la calificación general –entre 144 naciones–, pero figura en el sitio 73 en la clasificación de infraestructura.

La logística se puede definir como la capacidad de un sistema para movilizar bienes, servicios y personas de manera eficiente, puntual, segura y ambientalmente sostenible. Nuestro sistema logístico no alcanza estas características.

En el Reporte de Competitividad del World Economic Forum 2014-2015, Costa Rica aparece en la posición 51 en la calificación general –entre 144 naciones–, pero figura en el sitio 73 en la clasificación de infraestructura –lo que hace de esta una debilidad del clima de negocios– y en particular ocupa la posición 103 en calidad general de la infraestructura logística, en la casilla 119 en la calidad de sus carreteras, 115 en la calidad de sus facilidades portuarias, 91 en cuanto a facilidades ferroviarias y 61 en facilidades de transporte aéreo.

En resumen, la infraestructura logística dificulta la competitividad de nuestras empresas exportadoras e importadoras; afecta significativamente la calidad de vida de los costarricenses y reduce la rentabilidad de nuestras empresas locales de todas las escalas.

A mediados del año anterior se propuso crear en Instituto Nacional de Infraestructura (INI) para reemplazar a los Consejos Nacionales de Vialidad y de Concesiones, pero esto es poner la carreta delante de los bueyes. La definición de una estructura organizativa se hace a la medida necesaria para ejecutar de manera eficaz y eficiente una estrategia. Pero sin estrategia, no hay organización que valga. Ninguna estructura organizativa resolverá los problemas si antes de diseñarla no se definen con claridad la visión y objetivos estratégicos que se persiguen. La estrategia debe preceder a la estructura.

Es indispensable diseñar una estrategia nacional de infraestructura logística que defina temas como la construcción o ampliación de carreteras clave para el transporte de productos y servicios y para el movimiento de trabajadores, estudiantes y ciudadanos. Hay que definir también la intensidad del uso de ferrocarriles que se desea alcanzar, el uso de viaductos elevados, pasos a desnivel, túneles y otras obras modernas para ampliar la capacidad de carga de las áreas urbanas, el desarrollo portuario y aeroportuario en función de la capacidad de carga que se espera y si se construirá un metro.

Hay que definir el tipo de cultura de transporte que deseamos para nuestros ciudadanos: privado e independiente o colectivo eficiente. Lo moderno es lo segundo. Por ahí se dice que “una nación desarrollada no es aquella en que cada ciudadano tiene un vehículo, sino aquella en que hasta los más ricos y poderosos usan el transporte público”. Linda visión.

Con base en la visión que se defina hay que establecer metas concretas y plazos para derivar de ellos los objetivos estratégicos del plan y, a partir de ahí, fijar los niveles de inversión necesarios y si estas se harán con recursos públicos o si se abrirá el espacio a concesiones y fideicomisos para aumentar el volumen de recursos disponibles. Este tema es central pues el país debe alcanzar un nivel de inversión que le permita en pocos años cerrar la brecha que se ha zanjado entre su productividad empresarial y progreso social y el nivel general de su infraestructura.

Con base en esto se pueden reactivar los Consejos o crear el INI según se considere más apropiado para la ejecución eficiente del plan estratégico de largo plazo que se habrá definido. Pero crear una institución sin haber definido la estrategia solo resultará en otro intento fallido de mejorar nuestra infraestructura, seguramente honesto en intención, pero con pocas probabilidades de éxito.

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