28 enero

En años recientes, la volatilidad del contexto económico internacional ha sido muy determinante de la dinámica del crecimiento económico en nuestro país. Somos una economía abierta, conectada globalmente por medio de comercio, inversiones y turismo; nuestro crecimiento está ligado a lo que ocurra afuera.

Como economía muy diversificada, pues exportamos desde banano fresco hasta productos y servicios de valor agregado y alta tecnología basados en conocimientos, Costa Rica presenta una alta robustez a los vaivenes de la economía internacional, pero sin estar exenta, en su potencial crecimiento, de lo que ocurre en los grandes mercados globales: Estados Unidos, la zona euro y el lejano Oriente, principalmente en China, Japón y Corea del Sur.

El crecimiento de todos estos mercados internacionales será moderado. EE. UU., hoy cerca de pleno empleo, inflación inicialmente controlada y costo de capital aún muy bajo, deberá crecer de manera similar a lo que ha venido haciendo en los últimos meses, salvo que se dé una repentina pérdida de confianza de sus empresarios y consumidores ante algunos mensajes del nuevo gobierno. Significa que nuestro principal mercado estará bien, salvo que las actitudes proteccionistas de Trump afecten la inversión extranjera que recibimos de su país o el acceso de nuestras nuevas exportaciones a su mercado.

La zona euro, por su parte, no termina de arrancar después de la crisis. Aunque parece haberse estabilizado, hay factores –principalmente el Brexit, los movimientos nacionalistas y la continuación de los problemas de inmigración– que tienden a desestabilizarla nuevamente. Con un crecimiento igual o inferior al del año anterior, no será un gran impulsor de nuestro crecimiento, pero tampoco lo afectará negativamente. Siempre hay riesgo de una nueva crisis por terrorismo o que las elecciones en Francia y Alemania desestabilicen el orden actual, por lo que debemos seguir atentos a lo que ocurre.

El este asiático será el motor principal de la economía global, con China ajustando su modelo de manufacturas a más servicios y desarrollo local, pero siempre con un crecimiento cercano al 7%, mientras que Corea y Japón crecerán moderadamente siempre que China y EE. UU. mantengan la dinámica y apertura en sus actuales niveles.

Centroamérica y México seguirán siendo importantes socios comerciales y su dinámica dependerá de lo que ocurra en EE. UU. pues son economías estrechamente ligadas a este país por el comercio y la remesas.

La conclusión clara de todo esto es que estamos en una economía moderadamente favorable, pero con muchos factores de volatilidad que podrían manifestarse en cualquier momento. Esto implica que nuestro país debe estar listo para enfrentar esta volatilidad, en vez de reaccionar a ella de manera tardía, con todo lo que eso implicaría en términos de crecimiento, empleo y pobreza.

La preparación pasa por una agenda de tres frentes: 1) reducir tangiblemente el déficit fiscal, pues nos limita los grados de libertad para activar la economía local por la vía de la inversión ante una caída en los mercados internacionales o la potencial alza en intereses en los mercados internacionales; 2) mejorar la productividad del clima de negocios, lo que implica infraestructura logística, costo de la energía y costo del capital; reducir los trámites y el costo de la burocracia; y apoyar la generación de empleo y el emprendedurismo local; y 3) fortalecer nuestra presencia comercial en la cuenca del Pacífico, lo que pasa regionalmente por la Alianza del Pacífico e internacionalmente por estrechar nuestros lazos diplomáticos y comerciales con las naciones que serán motor del desarrollo global: China y sus satélites e India.

Estamos bien, pero debemos estar preparados para un mundo cuyos líderes alimentan la volatilidad con cada discurso y acción.