17 junio

L os movimientos en el tipo de cambio y en las tasas de interés de las últimas semanas nos han recordado los desequilibrios de la economía costarricense y la incertidumbre sobre la capacidad de las autoridades para sostener la estabilidad económica del país.

En esta edición publicamos una entrevista al presidente ejecutivo del Banco Central para tratar de entender cuál es el rumbo de la política monetaria y cambiaria.

Las condiciones externas han cambiado. En los últimos años Costa Rica ha disfrutado de recursos externos abundantes, fáciles y baratos. En estas condiciones resultó muy fácil el manejo de la política macroeconómica, porque el Gobierno Central pudo financiar su abultado déficit fiscal con facilidad y el Banco Central logró sostener el tipo de cambio y la inflación estables. Es decir, no se necesitaron grandes esfuerzos internos para sostener la estabilidad económica en un ambiente tan propicio. Sin embargo, las circunstancias económicas externas han cambiado desde el 2016. La Reserva Federal de EE. UU. ha venido en un proceso de aumento de las tasas de interés y la perspectiva para los próximos meses es la continuación de este proceso que llevaría a que Costa Rica ya no tenga acceso a recursos externos abundantes y baratos.

El déficit fiscal y su financiamiento es una espada de Damocles sobre la estabilidad de la economía. El financiamiento de un déficit fiscal cercano al 6 % en las actuales condiciones externas más estrechas resulta un riesgo para la estabilidad económica y la ausencia de una solución cierta acrecienta aún más el riesgo. Las empresas calificadoras ya han reducido la calificación de la deuda soberana del país y su señalamiento está asociado exclusivamente al estado de las finanzas públicas costarricenses.

Si no hay correctivos en lo fiscal, el BCCR tendrá que echarse sobre sus hombros el ajuste macroeconómico. Esto significa que tendrá que ejecutar una política monetaria más restrictiva y permitir los ajustes necesarios en el mercado cambiario. No obstante, hay que señalar varios errores en el diseño y aplicación de las políticas del Banco.

El BCCR genera incertidumbre en dos frentes. Primero, dice que sigue una política de “metas de inflación”, pero su acción revela que más bien el objetivo perseguido es un determinado tipo de cambio. Segundo, afirma que el tipo de cambio lo fija el mercado y que las intervenciones solo buscan reducir su volatilidad, pero en la realidad el tipo de cambio lo fija el Banco Central. Estas diferencias entre el enunciado de las políticas de la institución y sus acciones en la práctica confunden a los agentes económicos. Si hay tanto riesgo con la política fiscal, al menos el Central debería de ser nítido y consecuente en su mensaje.

Lamentablemente, la entidad falló en realizar estos ajustes durante los primeros meses del 2017. En cuanto a las tasas de interés, pecó por omisión al mantener la tasa de interés de política monetaria en 1,75 % sin ningún ajuste y, en cuanto al tipo de cambio, pecó por acción al intervenir en el mercado cambiario vendiendo sus reservas monetarias para contener la devaluación del colón frente al dólar.

El BCCR, al no realizar el ajuste de la tasas de interés en los primeros meses del año, propició la dolarización de la riqueza financiera y la profundización del desequilibrio en el mercado cambiario. Esto resulta contradictorio con el discurso de la entidad en contra de la dolarización del sistema financiero. El atraso ha llevado a un severo aumento en las tasa de interés de política monetaria, de 2,75 puntos porcentuales.

También la acción del Banco Central en las últimas semanas deja dudas más puntuales. ¿Por qué permitió que el tipo de cambio en Monex llegara hasta ¢595 por dólar y luego tomó acciones para bajarlo? ¿Por qué no intervino antes si consideraba “inadecuado” el nivel de ¢595? Son preguntas que quedan sin respuesta porque la institución maneja en “secreto” las reglas de intervención en el mercado.

En la edición de esta semana el presidente del Central nos dice que el tipo de cambio actual es de equilibrio. Entonces nos hacemos dos preguntas. ¿El Banco intervendrá en el mercado cambiario con el objetivo de sostener el tipo de cambio actual? y ¿lo hará aunque pierda más reservas? Nos preocupa que en los últimos 12 meses esta entidad ha perdido cerca de $1.100 millones de reservas internacionales y que esta tendencia se mantenga con la “defensa” de un tipo de cambio considerado de equilibrio por BCCR, pero que en realidad podría no serlo.

Finalmente, hay que recordar que los aumentos en tasas de interés en colones tendrán consecuencias. Primero, los deudores en colones tendrán una mayor carga financiera por los aumentos de sus tasas de interés y los deudores en dólares con ingresos en colones también tendrán una afectación por el aumento del tipo de cambio. Segundo, el aumento de las tasas de interés posiblemente reduzca la tasa de crecimiento de la producción y la generación de empleo en los próximos meses.