11 octubre, 2014

Mucha agua ha corrido bajo el puente desde que el Banco Central de Costa Rica abandonó las minidevaluaciones del tipo de cambio y estableció el sistema de bandas cambiarias. A pesar de lo anterior, al cumplirse ocho años de la modificación, las bandas cambiarias siguen en vigencia aunque en la práctica se aplica un sistema de flotación administrada.

El tipo de cambio en una economía pequeña y abierta, como la nuestra, es de crucial importancia porque actúa como el cordón umbilical entre la economía interna y el resto del mundo. El nivel y la volatilidad del tipo de cambio tienen fuerte influencia en las decisiones de los consumidores y de los productores.

El manejo responsable por parte del Banco Central del sistema de minidevaluaciones desempeñó un papel importante después de los violentos ajustes del tipo de cambio ocurridos a inicios de la década de los 80. La credibilidad de los agentes económicos en el sistema fue un pilar importante para mantener la estabilidad macroeconómica e impulsar la expansión y diversificación de los sectores de exportación de bienes y servicios.

Sin embargo, hace 8 años eran claros los problemas del sistema de minidevaluaciones. La fijación del tipo de cambio por parte de las autoridades hacía imposible lograr un manejo adecuado de la política monetaria para disminuir la inflación. Este problema era más fuerte por la fuerte movilidad del capital financiero.

El sistema de bandas cambiarias adoptado hace 8 años en nuestro país se postuló como un mecanismo de transición hacia una flotación del tipo cambio con cierto nivel de libertad. Sin embargo, varios factores se combinaron para la permanencia del sistema de bandas.

En primer lugar, la crisis financiera internacional introdujo riesgos mayores a los que el país había enfrentado en el pasado. En segundo lugar, ha existido un fuerte temor hacia la flotación del tipo de cambio, tanto en las autoridades del ente emisor, como de los agentes económicos.

El temor a la flotación no es infundado. La realidad se ha encargado de demostrar en varias ocasiones la fuerte volatilidad del tipo de cambio cuando se ha separado de las bandas, lo que ha llevado a la intervención del Banco Central en el mercado cambiario, lo cual representa una contradicción con la idea original de que el tipo de cambio fluctuaría libremente entre las bandas.

Desde febrero de este año el tipo de cambio ha fluctuado dentro de las bandas y en algunos momentos el Banco Central ha intervenido dentro de las bandas para evitar “excesos” de volatilidad. Lo anterior, hace que en la realidad el sistema se parezca más a una flotación administrada que un sistema de bandas cambiarias.

Lo anterior lleva a dos conclusiones.

En primer lugar, el sistema de bandas cambiarias parece ser un cadáver insepulto sustituido en la práctica por una flotación administrada.

En segundo lugar, para lograr transparencia en la política cambiaria sería de suma importante que el Banco Central de Costa Rica haga el cambio en forma explícita hacia un sistema de flotación y defina más concretamente las reglas de su intervención en el mercado cambiario.