Por:  30 noviembre, 2014
 El Congreso pospresupuesto
El Congreso pospresupuesto

Pocas discusiones han sido tan convulsas y polémicas en la Asamblea Legislativa como la discusión del Presupuesto Ordinario de la República para el 2015.

Después de tres meses de amplio debate en subcomisión, comisión y en el plenario legislativo, las tesis sobre la necesidad de realizar ajustes acuerpadas por el sector empresarial y respaldas por diversos analistas parecían que contarían con el respaldo mayoritario de los legisladores.

Sin embargo, ¡sorpresa!, ¡en política cualquier cosa puede pasar! La (re)composición de fuerzas en el Plenario Legislativo fue favorable para el Gobierno que, pese a divisiones en su propia bancada, encontró en las diferencias internas de otras agrupaciones (como la del PUSC) parte de su fortaleza.

A esa ventaja se sumaron los votos, tanto en contra como a favor, de agrupaciones minoritarias (ML, PRC y PASE), acostumbradas a subastar sus votos a cambio de privilegios para los sectores que tradicionalmente defienden.

Esas fuerzas políticas no permitieron que se aprobará ningún dictamen por mayoría simple (29 votos) para que el Gobierno, junto a sus socios incondicionales (FA), pudiese salirse con la suya y aprobar el presupuesto tal como fue presentado.

El Gobierno se salió con la suya, pero ¿a qué costo?

El aumento del 19,6% del presupuesto respecto al año anterior, elevará el déficit fiscal hasta el 6,7% del PIB en 2015, el más alto de nuestra historia. El nivel de endeudamiento será tan importante que apenas si alcanzará para pagar los intereses de la deuda sin poder reducirla en un ápice, al punto que esta pueda volverse insostenible y, en el mediano plazo, obligarnos a hacer verdaderos recortes en las carteras más sensibles.

Lo anterior en nada ayudará a que las calificadoras internacionales de riesgo retomen la confianza en nuestro país y nos devuelvan calificaciones anteriores, situación que tarde o temprano incrementará las tasas tanto internacionales como nacionales, encareciendo el crédito, deprimiendo el consumo interno y trayendo consigo una crecida en el costo de los servicios públicos que, a la postre, se manifestará en un aumento de la inflación y el tipo de cambio, entre otras consecuencias macroeconómicas.

Empero, las consecuencias no son solo económicas. También son políticas.

El rechazo a los ajustes del presupuesto, tanto como el manejo en el plenario para evitarlos, han terminado de dinamitar los débiles puentes existentes entre el Poder Ejecutivo y las diferentes fuerzas de oposición representadas en la Asamblea Legislativa.

Sin su apoyo, será imposible emprender reformas urgentes en este periodo de sesiones extraordinarias (del 1 de diciembre de 2014 al 30 de abril de 2015) con proyectos orientados a reducir el déficit fiscal, como aquellos que buscan la inclusión de nuevos tributos y mejoras en la recaudación de los impuestos existentes.

El Gobierno ha obtenido una victoria pírrica en el epílogo del debate presupuestario, la cual, aunque puede valorarse como positiva en la inmediatez, le terminará siendo desfavorable en el mediano y largo plazo.