Por:  6 diciembre, 2015

El desempleo no cede en los últimos tres años y es el mayor que hemos tenido desde la gran crisis de inicios de los 80, hace 35 años.

Así lo reconoce el Vigésimo Primer Informe del Estado de la Nación, presentado hace pocos días, el cual señala la necesidad de crecer para disminuir el desempleo y enfrentar con éxito la pobreza estancada y la desigualdad que ha aumentado en este siglo. Por ello, el estudio analiza la generación de empleo de los próximos años según el crecimiento esperado.

Plantea tres escenarios de crecimiento del PIB y efectúa proyecciones de empleo basadas en que se mantiene la estructura de la producción de 2011. También se basa en supuestos sobre la composición de la demanda agregada. Para ello, asume que en los próximos 6 años, el consumo privado, la inversión y las exportaciones crecerán más que el PIB y que el consumo del gobierno crecerá menos, aunque en los últimos años esto no ha sido así.

Con esas bases, concluye que un crecimiento promedio del PIB de 3,7% anual del 2014 a 2021 (escenario base) determinaría un crecimiento del empleo promedio de 3,4%. Un escenario positivo de crecimiento promedio del PIB de 4,5%, haría crecer el empleo anual en 4%. Y un escenario pesimista de crecimiento del PIB de 2,9 % (similar al de este año), determinaría un crecimiento del empleo del 2,4%.

Que el empleo crezca menos que el PIB es de esperar, aunque el informe lo resalte, pues parte del crecimiento se origina en la inversión. Y aún mayor sería la diferencia de crecimiento entre el PIB y el empleo si –como debiera ser– aumenta la productividad, lo que el modelo usado no contempla porque, como se dijo, deja como fijos los coeficientes de producción de 2011. En todo caso, el mayor crecimiento del PIB es indispensable para que aumente el ingreso per cápita.

Dado que la población mayor a 15 años está creciendo a un ritmo de 1,8%, todas esas tasas de crecimiento del empleo (incluso la pesimista) permitirían bajar el desempleo y/o incrementar la tasa neta de participación (o sea el porcentaje de la población mayor de 15 años de la fuerza de trabajo).

Sectores clave

En todo caso, el modelo permite obtener algo que sí es de interés para la política económica: una estimación de los sectores productivos llamados clave, que tienen mayor impacto en la generación de empleo, por sus encadenamientos por compra de insumos y venta de bienes intermedios.

Esto es importante. Como sabemos la generación de empleo depende del sector privado, especialmente en las circunstancias fiscales actuales. Con el conocimiento de los sectores clave (por su mayor capacidad de generar empleo dado el impacto de su crecimiento en otros sectores), el Estado puede estudiar –junto con los grupos empresariales interesados– cuáles son los obstáculos y/ o faltas de información que limitan su crecimiento.

Una vez conocidas las trabas administrativas o fallas de los mercados que los obstaculizan, y siempre que haya soluciones conocidas y una institucionalidad que las pueda ejecutar, se podrá acelerar el crecimiento de esos sectores clave y del empleo.

Ello podría servir para orientar a la Agencia Nacional de Fomento Productivo, Innovación y Valor Agregado que el MEIC propone crear, para que tenga éxito y no se convierta en una simple fuente nueva de empleo público.

Por otra parte, la información generada por el informe permite determinar las habilidades requeridas en las personas para llenar los nuevos empleos. Este puede ser otro elemento de gran importancia para dirigir las erogaciones en educación que el Estado deberá priorizar en los próximos años.

Como lo indica este XXI Informe, entre el 2013 y 2014, se disminuyó en 35.000 el número de puestos para trabajadores no calificados, mientras aumentaron en 54.000 las plazas para personal calificado. Por ello, el esfuerzo iniciado a finales del siglo XX para aumentar la escolaridad en secundaría debe ser continuado y redoblarse para mejorar –mediante maestros excelentes– la calidad de la instrucción pública.

Con una proporción aceleradamente creciente de jóvenes que terminen su bachillerato y adquieran habilidades en matemáticas, ciencias e idiomas, se podrán simultáneamente satisfacer las necesidades crecientes de trabajadores con esas capacidades, se podrán disminuir la pobreza y la desigualdad y aumentar la productividad.

Y, por supuesto, que el esfuerzo no termina allí. Para seguir a más largo plazo en esa dirección y lograr el desarrollo de nuestra pequeña economía, la siguiente etapa es la expansión de una educación terciaria pertinente al desarrollo científico y tecnológico de una producción globalizada.