Por: Constantino Urcuyo 7 junio, 2015
Crucitas y la prohibición
Crucitas y la prohibición

El caso más reciente es el de los aguacates.

Un intento “proteccionista no arancelario” que en la práctica significa que cualquier excusa técnica, sanitaria o hasta arbitraria, pero respaldada por las autoridades responsables, puede bloquear el comercio internacional de un producto.

Proteger a los productores locales significa reducir, por medios arancelarios o no, la importación de un bien para provocar una reducción de la cantidad ofrecida del mismo y así impulsar un aumento en los precios locales.

Suena bien, ¿no? Pero todo mercado tiene oferta y demanda. Y si la estrategia proteccionista funciona, significa que todos los consumidores que demandan un bien deberán pagar más por él.

En otras palabras, todos los habitantes del país pierden para que unos pocos cientos o miles de productores de algún bien ganen mucho más a costa de ellos.

Si se quiere apoyar la producción nacional hay que hacer el crédito más accesible, diseñar y ejecutar estrategias de productividad, entrenar a los agricultores en las mejores técnicas de cultivo y manejo, mejorar los sistemas logísticos que usan y, en general, lograr una productividad que les permita competir por costos y calidad con productos de cualquier parte del mundo.

Aún así, en agricultura hay estacionalidades y variaciones de rendimiento que afectarían los precios –y el bienestar de las mayorías– si no se contara con un mercado abierto al comercio internacional que le permita al país abastecer sus necesidades de los bienes que sus consumidores demandan a precios justos.

Nuestro comercio de exportaciones nos da la oportunidad de utilizar el mercado internacional para importar lo que necesitamos. También limita la magnitud de lo que importamos a lo que podemos pagar con nuestros ingresos internacionales. Un sano y automático balance.

No hay razones de peso para utilizar estrategias proteccionistas en arroz, pollo y leche; mucho menos en aguacates.