Editorial: No nos engañemos, el tema es fiscal


  • Facebook (Recomendar)
  • Tweetea!

E l ingreso extraordinario de capitales al país se ha convertido en un problema importante que puede afectar la estabilidad y el crecimiento económico de Costa Rica. Es un tema que debe tratarse con mesura para enfrentarlo con políticas responsables, pero sin exageraciones que puedan conducir a una crisis económica de altas consecuencias.

Efectivamente, durante los últimos meses del 2012 entraron al país montos importantes de dólares, unos captados en el exterior por el Ministerio de Hacienda y otros que vienen por canales privados para aprovechar las condiciones económicas del país.

Los inversionistas de los países desarrollados, enfrentados a las bajas tasas de interés en sus mercados financieros buscan opciones rentables en las plazas financieras de los países en desarrollo. Todo lo anterior está asociado al endeble crecimiento de las economías desarrolladas que no se recuperan todavía de la crisis económica.

Adicionalmente, las condiciones macroeconómicas en Costa Rica resultan extremadamente atractivas para el ingreso de estos capitales. En particular, las altas tasas de interés vigentes en colones en Costa Rica, provocadas por el alto déficit fiscal, invitan a traer dólares para convertirlos en colones e invertirlos principalmente en bonos del Ministerio de Hacienda. Esto, dado el sistema cambiario vigente, lleva el tipo de cambio al piso de la banda y obliga al Banco Central a comprar dólares y emitir colones, lo cual complica la política de control de la inflación.

Costa Rica necesita importar capital para impulsar su desarrollo. Sin embargo, por un lado, la magnitud del ingreso de capitales lleva a una apreciación real del colón que afecta al sector productivo y al empleo de las actividades de exportación de bienes y servicios y a las que compiten con las importaciones. Por otro lado, la volatilidad que pueden tener estos movimientos de capital pueden desestabilizar las condiciones macroeconómicas del país.

La solución más directa debería atacar el origen del problema: lograr la disminución del déficit fiscal del Gobierno de la República, para evitar presiones al alza de las tasas de interés. Mientras existan déficits de la magnitud del anunciado la semana pasada por el Ministro de Hacienda para el 2013 inevitablemente se tendrán altas tasas de interés. En la coyuntura actual el problema se agrava por las bajas tasas de interés en el exterior y por las expectativas de estabilidad cambiaria.

En este editorial, más que señalar soluciones únicas queremos plantear los dilemas de las autoridades para enfrentar el problema mediante las modificaciones de las tasas de interés y del tipo de cambio.

La actual situación requiere de una reducción sustancial de las tasas de interés para reducir la atracción de los capitales externos. Dado el nivel del déficit fiscal resulta difícil lograr tal reducción. No obstante, el Ministerio de Hacienda y del Banco Central deben realizar un esfuerzo conjunto en esta dirección. El dilema de Hacienda es cómo utilizar la emisión de bonos por $1.000 millones realizada al final del año pasado en el exterior. Estos recursos deberían utilizarse en forma responsable a lo largo del año para evitar sobresaltos de la tasa de interés en colones y evitar presiones excesivas en las tasas de interés. El dilema del Banco Central es complejo: si deja de absorber los excesos de liquidez para bajar la tasa de interés, puede descuidar el logro de las metas de inflación. Pero si se empecina en desaparecer del mercado todos los excesos de liquidez aumentaría la tasa de interés e incentivaría la atracción de capitales que pondrían en riesgo la meta de inflación.

Una solución posible es eliminar las bandas y pasar a una flotación administrada. Esta opción tiene importantes dilemas. Por un lado, eliminaría las consecuencias de la entrada de capitales sobre los agregados monetarios y haría más simple la tarea del control de la inflación. Pero, por otro lado, aplicar esta opción en un contexto de altas tasas de interés locales podría, por lo menos en un primer momento, profundizar el proceso de apreciación del colón, atraer más capitales con las secuelas ya advertidas sobre el empleo y la competitividad del sector productivo.

Pasar del actual sistema cambiario de bandas a uno más flexible en las actuales circunstancias presenta importantes dilemas que deben ser resueltos. No olvidemos que en la década de los 90 se puso en práctica un sistema de flotación del colón que fracasó en razón del contexto económico y político.

Se han planteado medidas de controles directos (topes de cartera, aumento de encajes, control del margen de intermediación, etc.) sobre el sistema financiero local que atacarían solo las manifestaciones del problema pero que podrían más bien aumentar las tasas locales de interés y amplificar el problema y distorsionar la competitividad del sistema financiero costarricense.

El Gobierno anunció el envío de un proyecto de ley para establecer un impuesto y someter a encaje a los movimientos de capital denominados especulativos. Este proyecto podría ser más un gesto para mostrar la acción del Gobierno, que una medida eficaz, dadas las dificultades prácticas para identificar y controlar aquellas transacciones que serían objeto del impuesto y del encaje.

En conclusión, no se debe perder de vista que el origen de la enfermedad está en la magnitud del déficit fiscal y, que por lo tanto, la solución óptima debería estar ahí. Buscar otros culpables es una tarea vana. Si en el corto plazo no se puede enfrentar el origen del problema, las autoridades deberían buscar soluciones de mínimo costo a los dilemas planteados y hacerlo a la brevedad posible. Sería grave una parálisis de las decisiones.

INCLUYA SU COMENTARIO