Por:  19 agosto
Estabilidad fiscal y comercio exterior
Estabilidad fiscal y comercio exterior

La lamentable incapacidad de alcanzar un acuerdo nacional amplio, que permita concretar las reformas para hacer sostenibles las finanzas públicas, provoca efectos indeseables sobre la economía costarricense, particularmente considerando que entre más se demore la solución, mayores son los riesgos que corremos de que detone una crisis que, como lo han advertido el Gobierno y distintos organismos internacionales, se traduciría en un deterioro económico y social de magnitud significativa.

El deterioro de nuestras finanzas públicas ha adquirido un comportamiento inercial, una especie de espiral viciosa en la que, casi de forma automática y aún a pesar de los esfuerzos de la Administración, el nivel de deterioro actual conlleva a mayores deterioros futuros y, por ello, mayores, más dolorosas y más prolongadas serán las medidas que se deberán tomar para reestablecer el equilibrio o enfrentar la crisis.

Al gastar el Estado más que lo que le ingresa (déficit), se obliga a asumir más deuda, la cual implica pagos mayores de intereses, lo que nos puede llevar a tener que elegir entre honrar las deudas, o que el Estado costarricense pueda operar. Y, aún si se eligiera lo primero, de seguir ese círculo vicioso, sería cuestión de tiempo para que terminara sucediendo lo segundo. Parte de esos efectos tendrán incidencia fuerte y directa sobre las relaciones económicas y comerciales de Costa Rica con el exterior.

El comercio

En este contexto, es mi responsabilidad advertir los efectos que tiene ese desequilibrio y esa dinámica, sobre la salud de las variables del comercio exterior.

Más allá del papel central que juega la estabilidad en la propuesta de valor con que Costa Rica se presenta ante los mercados mundiales, los efectos a que me refiero dependerán del canal que se elija –o que esté disponible– para obtener el financiamiento, al que nos obliga gastar más de los ingresos que se reciben. Hay dos opciones: pedir prestado dentro del país –colocando bonos de deuda del Gobierno (en colones) a instituciones, empresas y personas domiciliadas en Costa Rica–; o pedir prestado en el exterior, colocando bonos de deuda del Gobierno –en dólares o euros, según donde se coloquen, a instituciones, personas y empresas domiciliadas en otros países–.

Cuando el financiamiento se obtiene dentro del país –y dada la flotación administrada actual del tipo de cambio–, el canal primario de transmisión son las tasas de interés. Cuando el Gobierno absorbe crédito en el mercado interno con la venta de sus bonos, presiona al alza las tasas de interés, lo cual hace que se reduzcan el consumo y la inversión –efecto conocido como efecto desplazamiento o crowding-out –.

Al reducirse la inversión y el consumo internos, se reduce el crecimiento de la producción nacional y se crea menos empleo.

Al mismo tiempo, las mayores tasas de interés internas incentivan una mayor atracción de capitales financieros del exterior, dando lugar a presiones para la apreciación del colón.

Si ello ocurre, los productos extranjeros se hacen comparativamente más baratos que los nacionales, reduciendo la competitividad por precio de las exportaciones costarricenses. Y si el Banco Central optara por absorber esos flujos adicionales de capitales externos para reducir la presión hacia la apreciación del colón, incurriría de manera automática en emisión de más moneda nacional (al pagar por los dólares que debe comprar) y con ello, daría lugar a presiones inflacionarias, que encarecen la producción nacional y la hacen menos competitiva.

Si el Gobierno opta por endeudarse en el exterior, el principal canal de transmisión es el tipo de cambio y derivado por efecto del mecanismo de ajuste, las tasas de interés.

Los bonos colocados en el exterior traen más dólares a la economía , los cuales presionan hacia la apreciación del colón, llevando igualmente a un encarecimiento relativo de las exportaciones costarricenses, que les resta competitividad en el exterior.

La reducción del tipo de cambio aumenta el atractivo de endeudarse en dólares para los agentes económicos, lo cual obligaría al Banco Central a incrementar las tasas de interés en colones, para evitar una mayor dolarización del crédito, lo que reduciría el dinamismo del consumo, la inversión y la producción (incluidas las exportaciones). Y conforme los niveles de endeudamiento del Gobierno sigan creciendo y dada la escala de nuestro mercado interno de liquidez –de dinero–, el Gobierno podría tener que usar ambos mecanismos simultáneamente, activando los mecanismos descritos de forma simultánea.

La evidencia demuestra que los mecanismos descritos y sus efectos, ya provocaron un incremento de la prima de riesgo país que aún puede aumentar más. Los inversionistas miran al Gobierno y al país como acreedores menos confiables, por lo que cobran mayor interés para prestarnos, lo que profundiza los efectos negativos descritos antes.

Por todo ello, la estabilización de las finanzas públicas debe ser tema de altísimo interés también, para los actores del comercio exterior, quienes deben demandar y promover ese acuerdo nacional amplio, para detener el círculo vicioso aquí descrito.

El autor es Ministro de Comercio Exterior.