16 septiembre

La flexibilidad laboral se ha convertido en una característica importante de las empresas que quieren atraer y retener el mejor talento. Por flexibilidad laboral se entiende ofrecer al empleado diversidad de actividades, horarios variables y la posibilidad realizar su labor desde diversos sitios, que pueden incluir desde una oficina o sitio de trabajo convencional, hasta la posibilidad de trabajar desde su casa o un centro de oficinas remoto.

En las viejas teorías de recursos humanos, el control y la supervisión del tiempo eran características centrales de la relación con los trabajadores; incluso se restringía el tiempo que los colaboradores podían dedicar a atender diversos asuntos y trámites personales.

Marcar religiosamente las horas de entrada y salida en una tarjeta era el símbolo del cumplimiento laboral y a los empleados puntuales se les premiaba o distinguía por su asistencia y constancia.

Hoy día se reconoce que el capital humano requiere —además de remuneración económica— de un “salario emocional” que incluya atractivos elementos de motivación, reconocimiento, beneficios y un balance adecuado entre vida y trabajo, así como de lugares o espacios conceptuales que más que garantizar la constancia y la presencia, estimulen la creatividad, innovación y compromiso de los colaboradores con una misión y visión integrales de la organización.

En un mundo que se ha transformado y promueve una fiera competencia entre empresas y puestos de trabajo, en donde la fuerza laboral se enfrenta cada día a la exasperante congestión vial, un sistema de transporte público de calidad variable, un clima de inseguridad ciudadana, en el que los dos miembros de las parejas se ven obligados a trabajar por igual, y en el que las telecomunicaciones y la naturaleza del trabajo han cambiado radicalmente —más valor agregado por conocimientos e información que con trabajo físico— la flexibilidad laboral es parte importante de lo que una compañía puede ofrecer para hacerse más atractiva.

Esto es cada vez más cierto, pues conforme crece la escolaridad, el acceso y dominio de la tecnología y cambia la naturaleza del valor agregado, más trabajadores querrán trabajar por objetivos y resultados más que por horas y presencia.

En este sentido, las empresas que estén dispuestas a ofrecer contratos que tomen en cuenta estas consideraciones tendrán más y mejores oportunidades de reclutar y retener el mejor talento.

La flexibilidad laboral bien entendida no es enemiga de la productividad ni de los derechos de los trabajadores.

Esta herramienta, aplicada por una empresa formal y responsable, no es otra cosa que una forma de optimizar la disponibilidad de recursos en función de objetivos concretos y compartidos por la organización y sus colaboradores.

Un trabajador moderno, que crea valor con su conocimiento y por medio de tecnología primordialmente informática, puede trabajar a cualquier hora del día, desde su casa lo mismo que desde su oficina, evaluado por metas de desempeño bien definidas para cada puesto de trabajo, con apoyo de software que aparte de comunicar y dar acceso a procesos de la empresa desde sitios remotos puede medir el tiempo dedicado y sus resultados para ir ajustando las expectativas de la compañía al aprendizaje, experiencia y productividad de cada colaborador.

La comunicación con el colaborador es clave, vital, no solo la que permite su trabajo remoto, sino la comunicación fluida para realimentarlo y motivarlo a incrementar su contribución a la misión y objetivos de la organización.

La flexibilidad laboral es un concepto sencillo y atractivo que se complica cuando se le empiezan a imponer leyes y normas pensadas para proteger a los trabajadores de empleadores abusivos en industrias que afortunadamente cada vez representan un porcentaje más pequeño de la fuerza laboral del país.

Da la impresión de que los legisladores de nuestro país y los líderes sindicales no han comprendido realmente el proceso de cambio que se ha dado en la naturaleza del trabajo y que, en su afán de proteger derechos y horas compensadas, pierden de vista la naturaleza evolutiva del valor agregado y el enorme aprecio que las nuevas generaciones tienen por la flexibilidad.

El problema de actuar de esta manera, con una visión tan limitada y mezquina —en éste y otros campos de la vida nacional— es que siempre terminan pagando justos por pecadores, pues se restringe la flexibilidad laboral de la que tanto las empresas como los colaboradores y Costa Rica se pueden beneficiar significativamente.