Por:  10 abril, 2016
Gustavo André Jiménez.
Gustavo André Jiménez.

En menos de 10 años, como sociedad occidental, hemos vivido más cambios tecnológicos y en la estructura social que la generación de los baby boomers en toda su vida.

No obstante, dichos cambios no se basan en lograr siempre el éxito, sino que muchos tienen el ingrediente de “fracasar rápido y aprender rápido”, de manera que no son los acuerdos en sí, si no la discusión acalorada y bien dirigida la que generan las disrupciones necesarias para innovar y cambiar la gestión del entorno, de cara a una demanda siempre variable.

En esta misma línea, la nueva forma de gestión de los negocios en “tribus interconectadas” (TIT) de bienes y servicios, ofrece una oportunidad insuperable de innovar los negocios. En otras palabras, se ofrece una empleabilidad y empredurismo al instante. Ejemplos son Uber, Lyft y otras aplicaciones como Zopa, las cuales reforman desde sus cimientos las estructuras tradicionales reguladas de los negocios a todo nivel.

Prácticamente pasamos de la administración de la hora, a la gestión de la demanda al segundo, dónde básicamente las TIT permiten una autorregulación que redefine la teoría del libre mercado.

Con aplicaciones como Uber o sin ellas, lo que realmente vale la pena destacar es que la construcción de un nuevo contrato social y de negocio pareciera estar fuera de los sistemas gubernamentales, bancarios, comercios habituales y, con ello, hubo un giro en la forma en sí de transar bienes y servicios.

A llevarse el golpe

Lo que realmente es asombroso es que muy pocos lo toman como una oportunidad y muchos buscan forzar a estos cambios (“nube de las TIT”) a encajar en la burocracia victoriana. Podríamos decir que, tratar de evitar esta revolución es como que una sociedad buscara eliminar la escritura como medio de comunicación y solo mantener la comunicación oral como la forma imperante de relacionarnos.

Desde Alemania, pasando por Calcuta y Australia, la disrupción de la gestión transporte público-privado llegó y no solo permea este sector, sino que es una impronta para el resto de sectores productivos mundiales.

La regla simple del éxito de las TIT no yace en evitar el fracaso, sino exponerse a él y tomar el riesgo de llevarse “el golpe” que haga que las neuronas se reacomoden y los cables correctos se conecten y se encienda “el bombillo”. Cuando esto sucede, de ahí en adelante, como sociedad, no se pude esperar que las cosas se mantengan como era hace un minuto atrás.

Si pudiésemos hacer una ruptura en el tejido de espacio-tiempo y ver unos cuantos años adelante, por ejemplo al año 2050, algunos que se oponen a este nuevo contrato social y de negocios, dirían “hUbería sido una buena idea adoptar ese modelo de hacer negocios, años atrás”.