Por:  6 marzo, 2016
 Las relaciones internacionales como un aliado estratégico
Las relaciones internacionales como un aliado estratégico

Meses atrás, Constantino Urcuyo citó a Henry Kissinger en un comentario titulado “Redefinición mundial”, en el que hablaba de las relaciones interregionales que vivimos hoy día, y las convulsas evoluciones económicas, sociales y hegemónicas que se han presentado a lo largo de los años.

Todos los sucesos vividos, la organización de los Brics, el Nafta, la Unión Europea, la reciente agresividad de Rusia, el fortalecimiento de China, entre otros, ocurren gracias a las relaciones internacionales, que no son solo, como para muchos, simples fiestas con trajes elegantes y vino.

Sin tomar en consideración la necesidad de los países en esta área, las relaciones internacionales han permitido grandes cambios en las economías mundiales, tratados y negociaciones que han ayudado con la unificación de bloques económicos entre los diversos países miembros, lo que, a su vez, ha generado una redefinición mundial y el surgimiento de nuevas hegemonías.

Sin embargo, en nuestro país, las relaciones internacionales no tienen la importancia que deberían.

El Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto es el encargado de esta área, tan importante para muchos países desarrollados, pero dejada de lado para Costa Rica. Solo para el 2016, el presupuesto destinado para este ministerio será de ¢25.510 millones un 9,67% menor que el año anterior.

Esto significa no solo que no se le está dando la importancia necesaria a las relaciones internacionales, sino también que se considera opcional todo lo que represente el fortalecimiento de los lazos con grandes potencias y el acercamiento a países emergentes, cuando se trata de mercados importantes para nuestra diplomacia y el fortalecimiento de nuestra presencia internacional.

Lo anterior podría mejorar sustancialmente si se diera una unificación entre el Ministerio de Comercio Exterior y el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, pues se fortalecería la capacidad para atraer mayor inversión extranjera y, al mismo tiempo, posicionaría el producto nacional en los distintos mercados emergentes.

También se lograría robustecer los acuerdos internacionales ya existentes, hoy débiles si analizamos lo sucedido años atrás con el conflicto diplomático entre Costa Rica y Nicaragua, que denotó, además, una endeble relación con los países del sistema internacional.

Esto debe encauzar un análisis de la poca relevancia que le da el país a las diplomacia exterior, contrario a las grandes potencias del mundo, que han sabido ver en las relaciones internacionales un socio importante para fomentar sus economías, dinamizar su comercio y venderse al mundo.

Como lo dijo Constantino Urcuyo: “el planeta cambia profundamente, de ahí que resulta cierto decir que el batir de las alas de una mariposa en Crimea puede provocar un maremoto en el Lago de Nicaragua”.