Por: Constantino Urcuyo 1 julio

Los ticos estamos sufriendo un periodo económico complicado: la desigualdad sigue aumentando, la pobreza lleva 25 años relativamente estancada, tenemos un déficit fiscal alto y no hay acuerdo para bajar gastos (o subir impuestos). A pesar de los grandes avances del país durante los últimos 50 años para ser uno de los países más desarrollados de Latinoamérica, hoy muchos la están pasando mal y el panorama no luce positivo.

Las medidas paliativas son dolorosas y podrían incluir ramificaciones negativas como alta devaluación, incremento en tasas de interés y mayor inflación. Y por supuesto que las secuelas de la falta sistemática de inversión estatal en infraestructura, ineficiencia y alto costo de los servicios públicos, y un panorama desalentador en los índices económicos, van a traducirse en mayor desempleo e incremento en los índices de pobreza.

Ante un escenario así, cuesta entender cómo no promovemos una discusión más profunda sobre ese gran valor oculto que, como dije en mi columna anterior, nos pertenece: 27 empresas estatales con valor de muchos miles de millones de dólares, pero esa gran riqueza no nos está ayudando mucho ante esta situación.

Somos un país rico en nuestro balance de situación pero pobre en nuestro estado de resultados. Tenemos una casa grande, con dos carros de lujo , pero sin ingresos suficientes para pagar el mantenimiento, la electricidad y el marchamo. Propuse, la vez pasada, devolver el 30% de las acciones de empresas estatales a los ticos mediante un aporte a fondos de pensiones, enlistando las empresas en la bolsa de valores.

Puede haber otras soluciones mejores, pero lo frustrante e inentendible es que no veo ninguna voluntad real de la mayoría de nuestros políticos para agarrar el toro por los cuernos: seguimos haciendo lo mismo y esperando resultados diferentes, la definición clásica de locura. ¿O es simple desinterés?