Por:  28 junio, 2014

Después de la depreciación del colón experimentada en febrero, algunos factores importantes se están manifestando en el mercado de divisas.

Por una parte, pareciera que la disminución del estímulo monetario de la Reserva Federal de Estados Unidos está ejerciendo menores efectos de depreciación en las cotizaciones de las monedas latinoamericanas. Incluso algunas están mostrando de nuevo variaciones hacia la apreciación.

En Costa Rica, sin embargo, el Banco Central ha estado muy activo en el mercado cambiario con su intervención de venta, la cual desde mediados de abril, alcanza los $168 millones. De no haber intervenido, probablemente el precio del dólar habría aumentado.

Más allá de los efectos monetarios de corto plazo de esta intervención, hay manifestaciones de las nuevas autoridades que llaman la atención.

Por una parte, la acción del Banco y las manifestaciones de su presidente dejan abierta la puerta para percibir la intención de anclar el tipo de cambio, por no decir fijarlo, en el nivel que se ha observado recientemente.

Queda pendiente para valorar en los próximos días qué significa para el Banco una intervención preventiva y rápida para prevenir variaciones violentas, una frase poderosa que puede acomodar cualquier tipo de intervención.

Si el presidente del Banco mantiene su preclara visión –desarrollada a lo largo de muchos años como funcionario de la institución– habrá seguridad de un buen manejo cambiario.

Aparte de los elementos de indefinición que hasta el momento se han observado por parte de las nuevas autoridades económicas, surgen amenazas manifiestas para la tranquilidad del mercado cambiario desde el lado político.

Otros factores

Ante las manifestaciones del presidente de la Asamblea Legislativa en cuanto a que hay que aplicar una mayor regulación sobre el tipo de cambio, cabe preguntarse si el diputado Mora prefiere un sistema de flotación administrada o un tipo de cambio fijo, pero lo que sí es cierto es que no quiere al mercado en la fijación del precio del dólar.

Esto es ignorar dos cosas: primera, existe una oferta y una demanda, desconocidas en alto grado por parte del Banco, con lo cual, de intervenir equivocadamente, podrían llevar a corridas cambiarias. Hay que recordar los últimos años de 1970 e inicios de 1980.

En segundo lugar, no solamente hay elementos del mercado local, incontrolables, en el precio del dólar. Está el entorno internacional, el serio desequilibrio fiscal de Costa Rica y factores de la economía real que, de considerarse en una supuesta programación cambiaria, como la llama el diputado, sería pretender conocer todos los factores que inciden sobre el precio. El mercado es mucho más eficiente y barato que cualquier experto o tecnócrata público para determinar el precio que debe regir en cualquier momento.

Además de esta intención desde la Presidencia del Primer Poder, surge, ya no la intención, sino el hecho de que la Comisión de Nombramientos de la Asamblea Legislativa no aceptará a ningún economista como miembro de la Junta Directiva del Banco Central que crea en el mercado. El mercado existe. No es una creencia. Es una realidad. Y si la autoridad la pifia, el mercado reaccionará y ganará.

El rechazo al nombramiento de don William Calvo Villegas, de reconocidas y sobradas dotes profesionales y personales, sobre la base, como dice la diputada Patricia Mora, de su neoliberalismo –sea lo que eso signifique–, o bien porque se incapacitó por razones médicas mientras se desempeñaba como Director de la División Económica –algo que salió en las audiencias de la Comisión, entre otras cosas irrelevantes para valorar su ya comprobada calidad profesional–, es una muestra de desconocimiento de los elementos más básicos de la institucionalidad de Costa Rica y del profesionalismo que debe imperar en las instituciones públicas.

Es de esperar, entonces, que habrá que mantener El Capital, sea el de Marx o el de Pickette, como libro de cabecera para ser tomado en cuenta. Solo falta que la diputada Mora, o alguno de sus correligionarios, proponga un proyecto de ley para derogar la ley de la oferta y la demanda.