Por:  25 marzo

Los desastres no son naturales, lo que existe son condiciones que propician la afectación de los asentamientos humanos, la producción y la infraestructura ante las amenazas naturales generadoras de emergencias.

Es así como Costa Rica se encuentra en una región de grandes contrastes topográficos, geológicos y climáticos. Entre la variabilidad de amenazas de origen natural que afectan el país, nunca habíamos experimentado el impacto directo de un huracán en territorio nacional.

El huracán Otto dejó tras su paso una huella de dolor y destrucción, pero también permitió que se visibilizaran dos valores fundamentales del ser costarricense: la resiliencia –capacidad de vencer la adversidad, o la adaptación y transformación ante los cambios–, y la solidaridad, manifestada en el trabajo heroico de funcionarios institucionales, innumerables voluntarios, organizaciones de la sociedad civil y la empresa privada, quienes acudieron al auxilio de las poblaciones.

Prueba

Este huracán puso a prueba no solo la estructura operativa de respuesta de nuestro país, sino que también evidenció el compromiso nacional en el cumplimiento de las normativas internacionales en materia de prevención de desastres.

Es necesario comprender que si bien es cierto, los desastres tienen una connotación negativa, estos se transforman en oportunidades de desarrollo siempre y cuando los procesos de recuperación incorporen los elementos científicos y normativos que se elaboran desde la perspectiva de la gestión del riesgo.

Asimismo, la acción de restaurar la infraestructura dañada por el paso de Otto, está determinada por un marco de recuperación, en el cual se han planteado intervenciones con un abordaje integral de corto, mediano y largo plazo.

Reconstrucción

La Comisión Nacional de Prevención de Riesgos y Atención de Emergencias (CNE) como institución pública rectora en lo referente a la coordinación de las labores preventivas, operativas y de recuperación en situaciones de emergencia, mantuvo y mantiene una estrecha coordinación con las instituciones del Sistema Nacional de Gestión del Riesgo, en la evaluación y ejecución de acciones para la recuperación de las comunidades afectadas.

La institución ha invertido más de ¢2.000 millones de colones en acciones de distribución de asistencia humanitaria, rehabilitación de caminos, intervención de cauces de ríos y atención de productores agropecuarios en los cantones afectados, acciones que han sido financiadas por los costarricenses y que se continuarán realizando el tiempo necesario.

Además, los equipos técnicos-científicos de nuestra institución han apoyado a las municipalidades en la realización de estudios que servirán como importante insumo para dirigir la inversión pública y la elaboración de planes reguladores en los cantones afectados por el huracán, elementos fundamentales para generar un adecuado ordenamiento territorial, el cual se evidenció que tiene debilidades en algunos lugares e incluso existía resistencia en su implementación por parte de algunos de los actores municipales.

Como gobierno, nos hemos comprometido con la transparencia, la ética, la excelencia con sentido humanitario; por ello, garantizamos a los costarricenses la claridad en la ejecución de los recursos que serán utilizados para la fase de recuperación de las comunidades impactadas por este fenómeno meteorológico, único en la historia de Costa Rica.

* El autor es presidente de la Comisión Nacional de Prevención de Riesgos y Atención de Emergencias (CNE).

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