Por:  11 enero, 2014

Entiendo perfectamente que don Henning se muestre incómodo con una entrevista sobre los procesos de admisión en la UCR (publicada en EF, en la edición 950, del 16 de diciembre anterior), cuando el 75% de los aspirantes provenientes de colegios públicos no llega a la etapa de concurso de carrera, los cupos subieron solo un 3% en cinco años, y la única estrategia a corto plazo que plantea para salvar su responsabilidad en esta debacle es lanzar un proyecto piloto para impartir un curso de razonamiento de ocho sesiones de trabajo, en las comunidades de Sarapiquí y Nicoya.

Lo que no es comprensible, ni intelectualmente honesto, es que trate de disimular la administración ineficiente y poco transparente que hace la UCR del financiamiento que recibe, al tildar de poco confiables los datos de un estudio de investigación que parece desconocer, puesto que si lo hubiera leído, no tendría por qué “conjeturar” sobre el método que utilicé para realizar las estimaciones del costo real de la educación superior pública en el país.

Su propósito de desacreditar mi investigación lo desconozco, porque al final termina reconociendo una de las conclusiones más controvertidas del estudio: que la UCR gasta mucho más que las universidades privadas en impartir las carreras que ofrece. Pero, ¿cuánto más, señor rector? Costa Rica necesita saberlo. No olvide, por favor, aclarar el destino de los fondos restringidos (donaciones, préstamos y recursos girados, por convenio, ley o contrato, a favor de la UCR para proyectos específicos); los fondos de unidades ejecutoras que venden bienes y servicios; las fondos de actividades transitorias, como cursos especiales, en las que se cobra el servicio a los usuarios; y los programas de posgrado, que cobran matrículas comparables a las de universidades privadas.

Costos ocultos

El verdadero costo de la educación superior estatal debería ser de conocimiento público pero el rector insiste en ocultarlo, para luego no tener que explicar, en la próxima negociación del FEES, por qué el Estado gasta cientos de millones de dólares anuales del erario público en sostener una burocracia universitaria que no es ni siquiera capaz de graduar a sus propios alumnos.

Según el Semanario Universidad , un estudiante de bachillerato que ingresa a la UCR tiene más del 90% de probabilidades de no graduarse antes de cinco años, un plazo definido por la misma institución, y el mayor número demora el doble de este tiempo.

Supongo que las bajas tasas de graduación tienen que ver con el pernicioso desdén por la docencia de académicos como el señor Jensen, que se hace evidente al ufanarse de que la UCR no es un “enseñadero”. Si por formar a los profesionales más apetecidos por el sector productivo en carreras de alta demanda laboral y educar a los ciudadanos más comprometidos con la sociedad, significa que trabajo para un enseñadero, reconozco que sí lo hago, y a muchísima honra. No sufrimos de complejos ni aires de grandeza. Nos abocamos a formar grandes profesionales, en lugar de destinar nuestro tiempo a politiquear, cohonestar feudos, maquinar intrigas, denigrar el trabajo honrado de otros o aparentar lo que no se es. Solo cumplimos con nuestra misión y contribuimos con el desarrollo nacional sin que ello le cueste un solo céntimo al Estado. Más bien contribuimos económicamente al sostenimiento de la educación superior estatal.

Don Henning indica que la UCR cuesta más porque ofrece servicios académicos complementarios. En Ulacit también lo hacemos, e incluimos los de colocación laboral, orientación sicológica y vocacional, asesoría académica por parte de profesores a tiempo completo, servicios tutoriales, becas, programas de intercambio y pasantías internacionales, apoyo a organizaciones estudiantiles, atención médica y odontológica, clases de canto, música y arte, entre otros.

Le recuerdo al rector Jensen que los servicios estudiantiles que ofrecen las universidades tienen como fin primordial aumentar las probabilidades de éxito de los alumnos en sus planes de estudio, por lo que, a juzgar por las tasas de graduación de la UCR, debería revalorar el quehacer de esos departamentos complementarios en los que tantísimo dinero invierte.

En lo que sí concuerdo con don Henning es que la biblioteca es un servicio académico fundamental, y la UCR tiene la biblioteca más grande porque la pagamos todos, ricos y pobres, con nuestros impuestos. Sin embargo, yo estaría dispuesta a apostar que la institución a la que presto mis servicios invierte más, porcentualmente, en su biblioteca, recursos didácticos y bases de datos para la investigación, que la UCR en la suya. Esto se puede deber a que nosotros no gastamos el 64,3% de nuestros ingresos, como lo hace la UCR, en el pago de incentivos salariales por encima de las ya altas remuneraciones, incluyendo rubros como retribución por años servidos, restricción al ejercicio liberal de la profesión y otros.

Como sicólogo, don Henning debería saber que el primer paso para solucionar un problema es admitir que existe, sin excusas, tapujos ni exabruptos.