Por: Constantino Urcuyo 17 junio
“Ni corrupto ni ladrón”
“Ni corrupto ni ladrón”

El lunes pasado Panamá rompió relaciones diplomáticas con Taiwán para establecerlas con China. Nuestro vecino se suma a los 174 países que apoyan la resolución de la ONU que reconoce a Pekín como único representante ante el organismo.

Taiwán pierde un aliado muy importante. Hoy sus aliados son países pequeños en Asia-Pacífico, África, Latinoamérica y el Caribe.

Ahora tan solo 20 naciones reconocen diplomáticamente a los taiwaneses.

China es el segundo usuario del canal interoceánico y el principal proveedor de mercancías para la Zona Libre de Colón.

En el 2016, la segunda economía del mundo transportó a través del canal 38 millones de toneladas de carga, 18,9% del total que pasa por esa vía; la semana pasada los chinos iniciaron la construcción de un puerto de carga en Colón y ya estaban fuertemente implicados en el comercio con contenedores.

Estas nuevas relaciones constituyen una victoria diplomática para China, pues se establecen con un país estratégico, que controla un canal por el que transita el 5% del comercio mundial.

Adicionalmente, significa acrecentar su presencia en la zona de influencia de EE. UU y agudizar sus fricciones con Taiwán, sostenido por EE. UU. La interconexión entre los acontecimientos en ambas riberas del Pacífico es evidente.

Por otra parte, este reconocimiento es un avance en la proyección global de China.

La presencia china en una región clave para EE. UU. pone de relieve la discusión en torno a la vigencia de la doctrina Monroe (1823), afirmación de la hegemonía norteamericana frente a poderes extracontinentales, y obliga a la administración Trump a definir su política hacia América Latina.

Es probable que también lleve a otros países centroamericanos a romper sus lazos con Taiwán para buscar vínculos políticos y comerciales con el Estado chino.

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