Por: Constantino Urcuyo 14 octubre

Me considero una persona ecuánime, racional y muy paciente. Considero que las cosas muchas veces no son blanco o negro, pues hay criterios que matizan las posiciones; por eso siempre me esfuerzo por entender los diferentes lados. Pero todo tiene su límite...

Escucho al Presidente defender la fluidez del Gobierno en facilitar la importación del cemento chino diciendo que la motivación fue bajar el costo para el consumidor. Si su preocupación real es fomentar la competencia, ¿por qué se rehúsa a permitir inversión sana y privada en otros sectores importantes, como el de energía renovable? ¿Por qué no romper el monopolio ilógico de Recope y así bajar el costo tan alto de los combustibles que agobia al ciudadano y la industria? ¿Entonces?

Escucho al Gobierno decir que no hay dinero, que hay un problema serio de liquidez . Pero no veo acciones concretas ni la valentía necesaria para eliminar pensiones de lujo, duplicidades y excesos estatales. ¿Entonces?

Escucho que la lucha frontal contra la corrupción es prioridad, pero no se abordan agresivamente las serias acusaciones de lo que se visualiza como el mayor escándalo de corrupción en la historia reciente de nuestro país. ¿Entonces?

Estas descomunales incongruencias, entre muchas otras, nos hacen perder fe en nuestros representantes e instituciones. Porque las palabras ya son vacías y las acciones inexcusables. El estado le ha fallado rotundamente a los ciudadanos. Yo ya perdí la paciencia, y al igual que miles de costarricenses, me siento indefenso y burlado.

Esto es gravísimo a dos niveles: por un lado el daño mismo al país de estas acciones e inacciones; por otro, el que este descontento y desconfianza conlleven a que al momento de emitir el voto en febrero pesen más los aspectos emotivos e irracionales que el análisis, la información y la sustancia, con los riesgos a la democracia que esto implica.

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