EDITORIAL

Hacia la unidad y el diálogo


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La reciente designación de Jaime Molina como presidente de la Unión Costarricense de Cámaras y Asociaciones del Sector Empresarial y Privado (Uccaep) anuncia un aire fresco en esta entidad y un nuevo rumbo en las relaciones entre el sector privado y el Gobierno.

Como bien lo expresa la edición de EF de la semana pasada, varía el clima, pero no la ruta; se modifica la estrategia, pero no los objetivos.

Este cambio de dirección empresarial era necesario. El distanciamiento entre la Uccaep y el Gobierno, por dos años, eco de las querellas políticas entre esta administración y la pasada, no era conveniente ni sensata. Así no funciona el sistema democrático. En un mundo competitivo y globalizado, regido por hechos y resultados, no por subjetivismos, era una tontera contraria al interés nacional. Es de esperar ahora, ante la actitud de Uccaep, que se tome conciencia de la trascendencia de la solidaridad y la coordinación entre los sectores relevantes de la sociedad civil y el Estado, como entre el Gobierno y la Asamblea Legislativa o entre aquel y las universidades.

Diversos proyectos venían en camino entre el sector privado y el Gobierno: el trabajo de las comisiones, el trabajo decente, los salarios mínimos, el código procesal laboral y la flexibilización laboral. Estos y otros, como el proyecto de contingencia eléctrica, la educación técnica, el trabajo solidario en el orden fiscal o el fortalecimiento de las empresas formales, deben recuperarse y fortalecerse. Hacemos hincapié en el cumplimiento de las obligaciones legales, como expresa el nuevo presidente de Uccaep, y en todo lo referente a la responsabilidad social, así como el deber moral y legal de la contraparte, el Gobierno de la República, en cumplir con sus cometidos específicos y sus compromisos.

Desde esta perspectiva, la presentación, de parte de Uccaep, de un decálogo para “tener un país competitivo con certeza jurídica” debe merecer la atención especial del Gobierno. He aquí un buen punto de partida para un intenso diálogo. En este campo resalta el incumplimiento gubernamental de uno de los temas capitales de la agenda nacional: la tramitomanía o exceso de trámites en el sector público, manoseado por tres gobiernos sin resultados concretos y motivo de críticas en el exterior. En esta materia la falta de autoridad, coordinación y visión ha sido patente. Esto no puede continuar. Bien haría Uccaep en llamar a cuentas al Gobierno en este orden de ideas.

El clima nacional hacia la colaboración ha cambiado. Así se palpa en la nueva posición de Uccaep, en diversos reportajes en la prensa de sectores sociales y profesionales donde se pone de manifiesto la urgencia de un cambio de actitud, así como en el hastío de la gente ante el daño causado al país por la ausencia de solidaridad nacional.

Diversos hechos, con todo, nos invitan a la acción y a la esperanza. Uno es el crecimiento económico del país. Otro, la aceptación de la responsabilidad compartida. No todo es culpa del Estado. Esta posición entraña un cambio. Y nos parece que la reciente sentencia del Tribunal Contencioso Administrativo sobre el megaproyecto en Limón, donde se aliaron en su contra los sindicatos y la Cámara de Bananeros, nos estimula y abre grandes perspectivas que el Gobierno y la empresa privada deben aprovechar y explotar por el bien del país. La mezquindad, el egoísmo y la miopía deben ceder el paso a la grandeza de espíritu, la solidaridad y el trabajo en equipo. Todos debemos ser arquitectos de nuestro propio país.

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